Un ancla llamada Mauricio Macri

POR IGNACIO SANTORO / SENDERO ELEGANTE

 

En 1952, la ciudad de La Plata pasó a llamarse “Eva Perón”. Juan Domingo Perón decidió cambiarle el nombre luego del fallecimiento de Evita, símbolo de las reformas sociales realizadas durante su mandato. La nueva denominación duró poco. En 1955, con un nuevo golpe de estado, se dio marcha atrás con muchos de los cambios de la gestión peronista, entre ellos, La Plata volvió a su nombre original. Pero la provincia nunca dejó de ser peronista.

 

Desde el retorno democrático sólo dos gobernadores no pertenecieron al justicialismo: Alejandro Armendáriz, en 1983, y María Eugenia Vidal, en 2015. Al igual que en la disputa por la presidencia, el entonces candidato bonaerense de la Unión Cívica Radical Alejandro Armendáriz se impuso frente al candidato peronista, Herminio Iglesias. Los votos de la provincia de Buenos Aires fueron claves para la victoria de Raúl Alfonsín en la Nación, lógica que se repetiría en los años siguientes: desde 1983 el candidato presidencial que gana en la provincia gana en la Nación. La única excepción fue la elección de 2015, donde la oleada de votos cordobeses tapó la relevancia bonaerense. 

 

Sin embargo, luego de cuatro años de gestión el radicalismo no pudo renovar su mandato y tardaría más de 30 años en volver a ganar la provincia. En 2015, se unió al PRO, y acordaron una fórmula con la presencia de ambos partidos: María Eugenia Vidal (PRO) encabezó el binomio y Daniel Salvador (UCR) fue el candidato a vicegobernador. La alianza Cambiemos pegó el batacazo y volvió a darle una alegría al radicalismo bonaerense. Pero retener la corona no es tarea fácil. 

 

La victoria de Vidal fue un poco peronista. La elección de 2015 estuvo marcada por un peronismo dividido, con el kirchnerismo y el massismo con candidatos propios (entre ambos sumaron el 50% de los votos). Pero además, un enfrentamiento dentro de la coalición kirchnerista: Aníbal Fernández y Julián Domínguez se dijeron de todo durante las PASO. La pelea interna fue tan intensa que llevó a la derrota del Frente Para la Victoria; “Acá hubo fuego amigo”, sentenció Aníbal Fernández, en referencia a las acusaciones de Dominguez. Los cortocircuitos internos en el peronismo ayudaron a que Vidal finalmente se quedará con las llaves de la gobernación.

 

Este año no hay ismos dentro del peronismo. Sergio Massa decidió unirse al Frente de Todos y encabezará la lista de diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires, con la promesa de —en caso de que Alberto Fernández gane la presidencia de la Nación— ser el presidente de la Cámara de Diputados. Tampoco hay internas. La dupla Kicillof – Magario logró la unidad del peronismo en la provincia al representar a los intendentes con la figura de Magario, líder del distrito más poblado de la provincia y bastión territorial del peronismo: La Matanza, mientras que los sectores del kirchnerismo “puro” encuentran su afinidad con el exministro de Economía. 

 

Esta unidad puede llegar a frenar la ola amarilla. Las encuestas muestran que los Fernández pisan fuerte en el conurbano.  Las consultoras Opinaia, Circuitos y BTG Pactual posicionan, en la provincia de Buenos Aires, a la dupla Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner como los candidatos presidenciales más votados. La diferencia no es menor: los Fernández aventajan a Macri por una distancia de alrededor del 10%. ¿Cómo afecta la reelección de Vidal? 

 

Según la Universidad de San Andrés, María Eugenia Vidal sigue siendo la dirigente con mayor imagen positiva (43%).  Sin embargo, hay dos factores que perjudican que la imagen se traslade a votos: el calendario y la boleta. 

 

Muchas provincias decidieron separar las elecciones provinciales de las nacionales. Buenos Aires, por el contrario, las mantuvo unidas y podría llevar a la derrota a la actual gobernadora. La consultora Opinaia analizó por separado el voto a Macri y a Vidal, y mostró que cuando a los bonaerenses se le consulta sólo por la figura de la gobernadora, la distancia con Kicillof es ínfima: tan sólo del 2%. Mientras que la diferencia entre Alberto Fernández y Mauricio Macri es del 11%. Si la elección provincial no fuera el mismo día que la elección presidencial, probablemente la gobernadora tendría menos problemas en reelegir. Pero Macri, en Buenos Aires, pianta votos. 

 

La boleta también juega en contra de Vidal. A diferencia de otras provincias, como Santa Fe, donde cada categoría está separada (se elige en una boleta Intendente y en otra gobernador, por ejemplo), en Buenos Aires, y en la competencia nacional, se vota mediante lista “sábana”; todos los candidatos para todos los cargos aparecen en una misma papeleta. Eso implica que al acercarnos al cuarto oscuro, la primera cara que vemos son los candidatos a la presidencia. Por eso, este tipo de boletas tienen un “efecto arrastre” muy fuerte: quien elige el candidato a presidente de un partido, suele elegir al mismo partido para todos los cargos. 

 

Hay una forma de frenar el arrastre. Si bien las categorías están “pegadas”, tenemos la posibilidad de cortar boleta; elegir a un partido para una categoría nacional (por ejemplo, presidente) y a otro para la categoría provincial (gobernador). La forma de hacerlo es llevando las tijeras el día de la votación para separar las boletas pegadas. Pero cortar la boleta implica un esfuerzo y no es habitual, salvo en coyunturas muy particulares, como pasó en la elección de 2015. Cuatro años atrás, los bonaerenses optaron un 7% más por Vidal que por Macri (cerca de medio millón de personas decidieron cortar boleta). Si asumimos, siguiendo la encuesta de Opinaia, que la diferencia entre Fernández y Macri es cercana al 10% , repetir el corte de boleta de 2015 no le alcanza a la actual gobernadora para ganar: necesita que más de un millón de personas lleven sus tijeras al cuarto oscuro. 

 

Hay un bonus track que complica a Vidal: en la provincia no hay balotaje. A diferencia de la ciudad de Buenos Aires y la elección presidencial, no es necesario llegar a un determinado porcentaje de votos para ganar: quien saca más votos en octubre se queda con Buenos Aires. El balotaje permite polarizar la elección en dos opciones electorales. No tenerlo aumenta el riesgo de que los votos no peronistas se dispersen y, por ende, crece la probabilidad de derrota de la gobernadora. 

 

El oficialismo no quiere perder y empezó una pequeña “Guerra Fría”. Quien encabezó la cruzada fue el precandidato a vicepresidente por Cambiemos, Miguel Ángel Pichetto, al vincular de forma peyorativa a Kicillof con el marxismo; “el peronismo de la provincia de Buenos Aires lleva  un hombre del Partido Comunista como candidato” declaró. Kicillof rápidamente respondió que su posición es la de un “peronista y keynesiano”. La militancia universitaria del exministro de Economía le daría la razón: como estudiante de la Facultad de Ciencias Económicas, compartía listas con el actual presidente del Banco Central, Guido Sandleris y no con la izquierda trotskista, que pisa fuerte en muchas facultades de la UBA. 

 

 

Otra muestra de la preocupación del oficialismo se manifestó con la ruptura de los tiempos de campaña. Durante la final de la copa América, antes del inicio del partido entre Brasil y Perú, el primer spot de María Eugenia Vidal se emitió cuatro días antes de lo permitido. Avivada o ansiedad, expone la presión que siente Juntos por el Cambio en la provincia. 

 

Vidal tiene por qué preocuparse. Ganar en la provincia siempre fue difícil para fuerzas no peronistas, pero retener la gobernación es casi imposible. A pesar de tener una alta imagen positiva, podría correr el mismo destino que Armendáriz ¿Podrá Vidal cantar más fuerte que la marcha peronista en Buenos Aires? 

 


Arte: Rocío Pérsico / Sendero Elegante

 


Arte: Rocío Pérsico / Sendero Elegante

 

POR IGNACIO SANTORO / SENDERO ELEGANTE

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