EL ARTISTA DEL SONIDO DIGITAL

pOR JUAN IGNACIO ZINGONI

DISEÑO DE TAPA POR PAULO LUNDRA 

 

El oficio de producir, inventar y reparar instrumentos de música se lo conoce como luthería. Las primeras herramientas surgieron de las manos de carpinteros y ebanistas; artesanos apasionados, dedicados a trabajar día y noche sobre la cuerda y el metal, estudiando la madera y el clavijero, explorando el sonido y sus posibilidades. Para los luthiers, el impulso de búsqueda es motivado por una pulsión creadora y revolucionaria: se negaban a creer que aquello que la naturaleza cantaba, era todo lo que había por escuchar en este mundo. 

 

Con los siglos, la disciplina fue posicionándose en la sociedad; como el herrero para el soldado o el mecánico para el piloto de autos, los luthiers han sido forjadores de la herramienta del músico. Los métodos del oficio variaron en estilos y particularmente lo hicieron a finales del siglo XX y comienzos del XXI: la música, como las películas y los libros, son producidos desde el diseño digital. Cuando todo parecía haber sido escuchado, surge la luthería digital. Hoy con solo una computadora las frecuencias sonoras pueden ser manipuladas a una profundidad inimaginable un siglo atrás. Esta profesión desempeña el argentino Ignacio Cruz, con 30 años es músico de la banda Pommez Internacional, ingeniero de playback y de procesamiento vocal en proyectos nacionales como Wos, Dakillah, Ca7triel y Paco Amoroso, productor musical de otros artistas y profesor de luthería digital. 

 

***

 

A cuarenta kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, dentro de ese espacio que le dicen Zona Norte, existe un distrito que por algún motivo no se le llama conurbano. Ahí se encuentra una localidad que parece un experimento entre campo y ciudad; donde la música no destaca y donde el arte no es hábito: Pilar, territorio de alto nivel socioeconómico, pero con muy pocos espacios culturales para tocar. Ahí se formó alguien muy curioso por el sonido: Cruz. 

 

Cuando era niño repetía una y otra vez, “soy músico, soy músico”. Y si bien solo eran palabras, (porque aún no sabía tocar un solo instrumento), hoy afirma que le sirvieron mucho para autoconvencerse de lo que quería hacer de su vida: 

 

—Esa actitud siempre fue central en mi forma de ser, cuando quiero encarar algo me tiro a la pileta y lo pruebo.

 

Cruz sobre el escenario del Estadio Único de La Plata en el marco del festival “Provincia Emergente”. Créditos: Lea Frutos.

 

¿Tu viejo Ricardo y tu mamá Viviana te apoyaban con la música?

—Ellos siempre fueron de bancar cada cosa que deseáramos hacer con mis dos hermanas. Por un lado, mi viejo nunca pudo terminar física, la carrera que quería estudiar. Esto hizo que siempre nos empujara a buscar lo que queríamos sin presiones parentales.

¿Los presionó para que los tres se dedicaran al arte?

—Para nada. Fuimos solos hacia allá. Él y mi madre, sin venir de ese palo, nos ayudaban con lo que sabían.

 

Durante veinticinco años la madre de Cruz guardó una guitarra dentro de un placard sin saber si en algún momento iba a poder ser útil para algo. A los ocho años, Cruz comenzó a usarla. Y pese a que el instrumento estuviera en condiciones críticas, con una cinta de pintor, el niño logró unir el pedazo de madera levantada con la base y hacer que el instrumento llegara al nivel de “algo suena”. Así a los ocho años comenzó a practicar con los cancioneros del colegio. 

 

Cuando llegó el 2001, no había dinero para comprar instrumentos y apostar por la música era un pensamiento difícil. Ese mismo año, los Cruz recibieron la visita de un amigo de la madre que llegó con una guitarra eléctrica y un amplificador de bajo. “Te los presto”, le dijo al joven músico de once años. El sonido salía limpio y claro del amplificador, no sucio, ni distorsionado como Cruz quería. Entonces descubrió que para lograr un sonido más trash necesitaba poner el volumen del amplificador al máximo. Los vecinos no tenían problemas con el ruido, porque era un barrio de casas quintas y no se escuchaba de tan lejos. Y sus padres siempre fueron de bancar cada cosa que quisieran hacer.

 

¿Cómo fue el apoyo de Viviana, tu mamá?

—Pasaban los años y yo no hacía nada en correspondencia con mi deseo de hacer música. Mi vieja me veía muy curioso y creo que en un punto se pudrió de que no activara. Ahí es cuando agarró las riendas del asunto por mí y me anotó en el conservatorio de música. 

 

Las herramientas que Cruz necesita para tocar en los shows en vivo.

 

Según cuenta Cruz, su mejor forma para aprender a usar una herramienta es a través de la experimentación. Una actitud autodidacta lo lleva a conocer cada instrumento mientras lo usa para componer. Como un cocinero que aprende a cocinar sin leer las recetas. 

 

—Desde que nos conocimos durante el colegio en Pilar lo vi a él como un faro. En el buen sentido, Cruz siempre fue súper nerd con el arte. Era el medio que tenía para escuchar bandas que nunca me hubiera cruzado. Siempre tuvo mucha hambre por innovar —dice Andrés Markus, artista de música electrónica en el proyecto Ondro y amigo de la infancia de Cruz.

 

Antes de terminar la secundaria, descubrió que parte de lo que quería hacer estaba en la universidad: ingresó a la Licenciatura en composición de la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y, durante un año, cursó la carrera de producción musical en la Escuela de Música de Belgrano (EMBA), pero como la institución tenía un enfoque “viejo” de lo que es la producción, Cruz sintió que no iba a poder avanzar mucho por su cuenta. Entonces decidió dejarla. 

 

En la UNA no trabajaban mucho con programas de producción de sonido por computadora, y por fuera de su cursada se arreglaba como podía para aprender a producir música con la laptop. En pos de aprender más, decidió ir a una escuela tradicional de sonido: un estudio de grabación. Con veintidós años, Cruz se sentó a redactar un mail genérico para ofrecerse como asistente de estudio. Envió el correo a ciento cincuenta estudios de grabación en Buenos Aires y solo Dani Leonetti, de Estudios Leonetti, le respondió. Cruz recién se mudaba a capital y había conseguido un laburo donde la principal paga era ganar experiencia. 

 

Durante cuatro años, Cruz usó el estudio como gimnasio sonoro, produjo música del palo del metal y del rock-psicodélico-ambient, pasó por la electrónica y jugó en un plan más experimental. También hizo música para televisión y cine, agarró sus primeros laburos con distintos artistas y lanzó tres canciones dentro de una obra llamada “Faro”. 

 

Cruz grabando el disco “Canto Serpiente” de Pommez Internacional en 2016.

 

—¿No te sentís cómodo dentro de un solo género?

No me gusta pensar la música en géneros. Me atrapa mucho más la exploración de puntos de conexión entre estilos musicales y la combinación de lo sonoro con otras artes, como la literatura y el cine. 

 

Para Cruz es importante como artista hacerse una misma pregunta cada vez que aprende a usar una herramienta nueva: “¿Cómo la puedo romper?”. Claro que no en el sentido literal, o por lo menos, no siempre: propone romper con el uso tradicional que se le da a una herramienta con el fin de descubrir nuevos usos y, dentro del campo musical, nuevos sonidos.

 

¿Hacia dónde te lleva tu idea de romper el uso común de una herramienta?

—A escapar de la comodidad de lo que uno sabe. A veces la expresión artística que uno persigue no puede alcanzarse con las técnicas existentes. Entonces, hay que salir de lo que a uno le enseñaron en las clases e inventarse una técnica propia. La experiencia de explorar en soledad una herramienta sobre la cual no sabemos nada para mí es imperdible. Acercarse a un objeto que no conocés en absoluto y tratar de descifrarlo por tu cuenta puede ser un momento muy fructífero. No hacer esto nos llevó a una pérdida de la capacidad inventiva dentro del campo artístico. 

—Te gusta conjugar las artes entre sí, ¿qué te han enseñado la literatura o el cine?

Un escritor argentino que me ayudó mucho en este sentido fue César Aira: Él en sus entrevistas propone patear la mesa y preguntarse “¿qué no harías?”, y hacerlo. Gracias a esta perspectiva logré abrir puertas creativas que no conocía en un momento de estancamiento compositivo personal. Sea para el cine, la literatura o la música, la idea es que en el proceso de creación siempre se juegue entre esas dos concepciones complementarias: lo conocido y lo desconocido. 

 

“El maestro del Ableton” es como algunos estudiantes llaman a Cruz. El Ableton es un programa de producción musical con el que se puede producir y editar canciones completas sin necesidad de tener los instrumentos musicales a mano. Además funciona para mejorar los shows en vivo.

 

***

 

A los veintidós años, Cruz terminó la facultad y se mudó al epicentro musical más grande de la Argentina: Buenos Aires. Quedarse en Pilar, la ciudad que lo vio crecer, no era opción. A menos que deseara ejercer lo único que le permitía su título en un lugar sin industria cultural desarrollada: dar clases. Desde entonces, Cruz desea que los gobiernos se arriesguen más en hacer crecer la cultura; que los artistas no se vayan de sus ciudades y que las condiciones estén dadas para que puedan quedarse a nutrir sus escenas musicales locales. 

 

Una noche de 2009, Cruz fue a escuchar una banda instrumental y sintió que el grupo tenía la capacidad de tocar una música tan visual que lograba transportarlo dentro de un corto cinematográfico. La banda era “Pommez Internacional” y, a los pocos días, Cruz le mandó un mensaje a Juan Ibarlucía, el líder de Pommez, para armar una fecha en conjunto. Organizaron y planearon, pero el evento nunca sucedió. Sin embargo, el contacto siguió y sin saberlo, Cruz había encontrado lo que —según él— algunos tardan años en conseguir y, probablemente, la mayoría nunca encuentra: un compañero creativo de confianza. “Esa conexión que tenemos con Juan es única e invaluable. Para mí llenar un estadio o un teatro pasa a segundo plano cuando encontrás una relación creativa así”, afirma Cruz, quien, desde 2012, forma parte de Pommez Internacional.

 

—Nos cruzamos en la facultad: Él estudiaba en la UNA y yo hacía composición en la Universidad Católica Argentina (UCA), pero me cambié, asesorado por él y ahí empezamos a charlar y hacernos más amigos. Compartimos música primero, lecturas también, materiales que nos inquietaban y que nos flasheaban. Siempre salía información interesante de ambos lados y todavía lo seguimos haciendo. Nuestra amistad está mediada por la experiencia universitaria, la cual fue muy fuerte para ambos —comenta Juan Ibarlucía, uno  de los creadores de Pommez Internacional y amigo cercano de Cruz.

 

Cruz tocando en un show de su banda Pommez Internacional.

 

—Juan, ¿qué aporta Cruz a la banda?

—Él se integró a un proyecto que ya estaba comenzado, tuvo un impacto muy grande en la historia de la banda después. Cruz se suma como tecladista y luego de ocho años, él y yo somos los únicos que continuamos. Al principio, aportó una capacidad arreglistica exuberante que antes no estaba planteada entre los integrantes. Mirando atrás, creo que sin él no hubiéramos llegado a la diversidad arreglistica que tienen nuestros discos. 

¿Recordás algún momento donde Cruz te haya sorprendido?

—Muchos. Recuerdo muchas veces de empezar a recibir fragmentos musicales modificados por computadora y trabajados desde la técnica de la síntesis digital que él desarrolla mucho. Una vez Nacho se había ido de viaje al norte de Brasil y me empezó a mandar sonidos con los que estaba flasheando. Fragmentos sonoros que parecían atraparlo y que lo conectaban con el nordeste brasileño. De esas piezas grabadas, usamos algunas partes para un tema que se llama «Lemanjá». Los fragmentos que manda se comportan de maneras muy raras e imprevisibles; y cuando trabajás esas sonoridades dentro del formato de la canción, el resultado siempre es muy interesante.

 

El expercusionista de Pommez Internacional y amigo de la secundaria de Cruz, Andrés Markus, explica que la búsqueda sonora de Pommez marcó a cada uno de los integrantes que pasaron por la banda: “Nos dejaron esa herramienta: el método Pommez”. En el universo de la banda se pueden encontrar sonidos de madera maridados con tambores y redoblantes de metal, chapas de teclado de concierto amalgamadas con sintetizadores y programas de computadora; todo eso acompañado por un mensaje que entrelaza lo personal con lo político y la actualidad social.

 

El escucha que atraviese la historia del proyecto principal de Cruz recorrerá cuatro discos logrados a lo largo de diez años de actividad: partirá desde los mundos habitados por personajes marginales y por personas que luchan por causas justas en Buenas Noches América (2013), se sumergirá en el espíritu nómade de Canto Serpiente (2016), y finalmente reflexionará con la narración de linchamientos, asaltos y celebraciones en Infierno Porteño, Parte 1 (2019).

 

Para Juan Ibarlucía, cocreador de Pommez Internacional, la amistad con Nacho ha sido fundamental para mantener un proyecto juntos durante ocho años.

 

Pommez Internacional es la banda con la que Cruz aprendió a arreglar canciones, a subirse a un escenario a tocar y hasta realizar tareas de management y de prensa. Junto a Juan Ibarlucía, llegaron a tener ciento treinta presentaciones en el lapso de dos años. Visitaron distintas ciudades de América, se presentaron en diversos festivales de música, como el Marvin de México o el SXSW de Estados Unidos, y críticos de medios internacionales elogiaron su trabajo. “Pommez Internacional es una de las gratas sorpresas de la música contemporánea en América Latina”, dice el portal Publimetro de Perú acerca de la primera visita de la banda al país en 2017.

 

Como Cruz cuenta, la libertad creativa y el nivel de exigencia del proyecto fue lo que lo motivó desde el principio: “Con Pommez siempre nos movíamos musicalmente de un lado a otro. La academia decía que éramos muy populares, y los populares nos tenían de académicos, y para los de música electrónica éramos demasiado banda, pero a su vez los que tenían banda creían que teníamos demasiada electrónica. Esa mutación es nuestra fortaleza. Después de ocho años, no creo que Pommez sea solo mi proyecto, es mi forma de pensar la música”. 

 

***

 

En 2016, Cruz comenzó a desarrollar su método para diseñar shows en vivo. Como no encontró que eso que hacía tuviera un nombre decidió crear uno: así fue como surgió el término “diseño de live sets”. Logró entrenar su técnica gracias a los procesos compositivos que realizó en Pommez Internacional. Casi todas las canciones de la banda se producían desde la computadora y no desde una sala de ensayo. Entonces, cuando terminaban de hacer un tema siempre se preguntaban lo mismo: “¿Y ahora cómo lo tocamos en vivo?”. Un camino inverso al tradicional. La forma en que Pommez llevaba sus canciones desde el software de la computadora hasta lo real del show en vivo llamó la atención de distintos artistas. De a poco, comenzaron a llegarle pedidos de ayuda para darle una mano a distintos músicos en sus presentaciones. 

 

Prueba de sonido de Wos en el Festival Harlem de Santa Fé en 2019. La fotografía es tomada desde el lugar donde Cruz suele trabajar en los shows.

 

Una vez que el artista ya tiene sus canciones, produjo su disco y está listo para subirse a tocar en vivo, llega la hora de pensar lo que pasará en el escenario. A veces es solo tocar y listo, pero no siempre. Para Cruz, la producción de un show necesita de un proceso creativo similar a la producción de un disco. ¿Qué quiere mostrar el artista en vivo? ¿Qué creé que la música le está pidiendo que pase ahí arriba?

 

El compositor, guitarrista y cantante porteño, Martín Oliver, suele tocar con otros siete músicos en el escenario, pero cuando se presenta solo necesita que el show tenga más que una guitarra y una voz; para esto, Martín buscó a Cruz. Para fusionar la tecnología con sus canciones y presentaciones como solista. 

 

—Lo llamé porque él no solo sabe mucho de tecnología, sino que además la utiliza como artista y eso llama mucho la atención. Necesitaba alguien que me ayudara a armar el show desde un punto de vista creativo— cuenta Oliver.  

 

Cruz tocando en un show de Pommez Internacional en el Estadio Único de La Plata en el marco del festival “Provincia Emergente”. Créditos: Lea Frutos.

 

—¿Cómo es la visión de Cruz a la hora de trabajar en tu show en vivo?

—Lo primero que me dijo cuando comenzamos fue «yo no te puedo enseñar nada», y eso es muy valorable que te lo diga alguien que tiene tanto conocimiento. Cruz no te va a enseñar diciéndote lo que tenés que hacer o qué camino está bien. Él te motiva a tomar la iniciativa y a estar decidido por el camino artístico que querés crear. Tiene una visión holística del show. Detrás de cada decisión él te hace preguntas más filosóficas como: «¿Qué es lo que querés transmitir? ¿Qué tipo de artista vas a presentar arriba del escenario?”.

—¿Cómo fue la dinámica de trabajo?

—Aunque no lo conozcas, te hace sentir muy cómodo y, además, en el ida y vuelta de ideas contempla mucho la creatividad. Le da mucho valor a las reflexiones sobre cuál es el sentido que uno le quiere dar a lo que está haciendo.

 

Uno de los roles que puede cumplir un luthier digital es el de “operación de secuencias”, un trabajo que hoy no está desarrollado en la industria musical argentina y que Cruz comenzó a trabajar en 2019 para los shows de Ca7riel & Paco Amoroso. El operador de secuencias cumple tanto un papel creativo como técnico. Si bien no se lo podría considerar como un músico dentro de un show (porque trabaja detrás del escenario y además no está tocando ningún instrumento), tiene un aporte creativo: gestiona los tiempos del show y además es parte de un trabajo previo al escenario donde, junto a los músicos, se prepara las pistas y se debate el funcionamiento de la presentación. Por ejemplo, un laburo muy cercano de Cruz con las pistas es en su trabajo para los shows del rapero Wos. 

 

—Hay algunos temas del show donde se complementan las pistas y la banda. El enfoque de su show es el de una banda de rock electrónico que toca sobre pistas: en el momento en que largo la pista, la banda toca encima y cuando termina la pista, termina la banda. 

 

Cruz junto al resto del equipo de Wos antes de salir por segunda vez al escenario del Luna Park. Créditos: Irish Suarez.

 

Mario Breuer, reconocido ingeniero de sonido y productor discográfico de todos los géneros, pero sobre todo del rock argentino, conoció a Cruz cuando su pareja, la prensa de músicos, Erica Santos, comenzó a trabajar con Pommez Internacional. Según Cruz, Mario siempre fue un maestro del sonido a nivel internacional y disfruta mucho conversar con él: “Admiro a las personas que son tan grosas y, a la vez, tan bajadas a tierra. De repente, él te puede contar cuando estaban mezclando ´Oktubre´ (disco de Patricio Rey y Los Redonditos de Ricota) y vos no lo podés creer”. Breuer, con más de cuarenta años en el mundo de la música, se sorprende del laburo vanguardista que realiza Cruz y cree que tiene un rol importante a la hora de darle frescura a los escenarios nacionales:

 

—Mario, ¿qué papel creés que juega Cruz con su trabajo dentro de la cultura?

—Hasta hace poco yo no sabía que el trabajo que hace Nacho con los shows en vivo existía. Él logra que los shows sean representativos de la nueva generación musical. Cruz le permite al artista hacer en los shows en vivo cosas que antes solo se podían hacer en el estudio, como la manipulación de las correcciones de voz o autotunes.

—¿Hay algo que te haya enseñado?

—Cada vez que me siento a hablar con él aprendo algo nuevo. Fue quien me enseñó a usar el programa Ableton. Nacho siempre está en la cresta de la ola tecnológica. No solo lo veo involucrado en las nuevas músicas y tecnologías, sino que también crea y establece nuevas metodologías de trabajo musical. Además es una persona que no le gusta quedarse con el conocimiento, sino compartirlo y eso siempre se valora. 

 

De izquierda a derecha: el ingeniero de sonido Mario Breuer, el productor musical Facundo Yalve, Cruz y el músico Maxi Sayes.

 

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Desde el otro lado de la pantalla, Cruz pasa la cuarentena dentro de la casa de sus padres en Pilar. Afirma que si los días tuvieran 24 horas más los aprovecharía para hacer el doble de música, explorar nuevas formas de producir sonidos, aprender nuevos caminos y desaprender algunos viejos. Pero tal vez no cualquier tipo de música.

 

—¿En qué tipo de proyectos te interesa trabajar?

—En shows que se animen a trabajar de forma arriesgada y compleja. Mi objetivo sería que las escenas musicales tengan una variedad de tipos de show más amplia y lograr que cuando uno vaya a un festival de música, todos los espectáculos sean bien distintos. 

—¿Cómo caracterizarías la búsqueda artística que te representa?

—Tanto para mis proyectos como para mis talleres trato de enfocarme en la búsqueda que prioriza el arte y que hoy, para mí, eso está minimizado. Encuentro en la música esa necesidad de saciar lo espiritual y, por eso, priorizo escuchar proyectos donde siento que eso está cuidado. La idea de “mejor o peor música” está ligada a algo subjetivo y tiene que ver con dinámicas de mercado que no se relacionan con lo artístico. La música comercial no piensa en el estado de la persona creadora, sino en qué forma puede vender más. Y cuando veo esto en los proyectos siento que se colabora más con el problema que con la solución.

 

Cruz dando uno de sus muchos talleres de luthería digital y diseño de live sets.

pOR JUAN IGNACIO ZINGONI

DISEÑO DE TAPA POR PAULO LUNDRA 

Juan Ignacio Zingoni

Juan Ignacio Zingoni tiene 23 años, es de Bahía Blanca y estudia Ciencias de la Comunicación Social (UBA). Comenzó cubriendo recitales y entrevistando músicos para la revista digital "SPE". Co-produjo "Y se reía como loca" en FM La tribu y "Antes que nosotros" por Radio Monk. Sus temas preferidos para tratar son: arte, ciencia y medio ambiente. Como hobby escribe cuentos de ficción y aprende a tocar distintos instrumentos. Juan espera que cuando termine la pandemia pueda volver a producir "Terraza", un ciclo de música en vivo, cata de vinos y maridaje.

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