EL DIRECTOR DEL MUSEO

POR: JUAN IGNACIO ZINGONI

FOTOGRAFÍA: LUCAS BAYLEY

 

LA PATRIA ES LA INFANCIA

 

Andrés Duprat es curador de arte, gestor cultural, guionista y desde 2015 está al frente del Museo Nacional de Bellas Artes. Es crítico de la gestión del secretario de cultura Avelluto, desea expandir el tamaño del museo que dirige y nos adelanta sobre el próximo trabajo cinematográfico que está cocinando con su hermano Gastón y su amigo Mariano Cohn.

 

Con 55 años, Andrés Duprat dirige el Museo Nacional de Bellas Artes

 

Ezequiel Martínez Estrada llamó a Buenos Aires “La cabeza de Goliat” por ser el centro de comando de un gigante, la Argentina. Andrés Duprat coincide con esta idea de Estrada, quien fue un viejo amigo de su abuelo y guía artístico, el escritor Gregorio Scheines. Platense de nacimiento, pero criado en una familia de clase media-alta de la ciudad de Bahía Blanca, Andrés recuerda que entre las actividades familiares de su infancia se destacaron los viajes hacia distintas ciudades para visitar los museos y poder asistir a diferentes conciertos. “De pequeño veníamos bastante a Buenos Aires con mi familia y visitábamos el Museo Nacional de Bellas Artes”, afirma Duprat a Revista Sendero desde su oficina ubicada en ese mismo museo que hoy dirige.

  

Su experiencia al frente de proyectos culturales comenzó en 1991 cuando fue director del Museo de Bellas Artes de Bahía Blanca, en 1995 comenzó a dirigir el Museo de Arte Contemporáneo de esa misma ciudad. Entre 2002 y 2004, se mudó a Buenos Aires para dirigir el Centro de Arte de Telefónica y luego se quedó para ocupar desde 2005 el cargo de director de Artes Visuales del Ministerio de Cultura de la Nación. En 2007, Duprat concursó para ganarse el puesto de director del Museo Nacional de Bellas Artes, pero no lo consiguió. En 2015, Andrés tuvo revancha y ganó.

 

Estudió arquitectura en La Plata. Tras recibirse se mudó por un par de años a estudiar a Italia y al volver decidió crear con unos amigos “La Casa”, un centro cultural en Bahía Blanca. “Sentíamos que no había mucha cultura en la ciudad, por lo tanto decidimos dejar de quejarnos y hacer de Bahía Blanca un lugar un poco más interesante con obras de teatro y muestras, entre otras cosas”. El éxito de “La Casa” hizo que la Municipalidad bahiense le ofreciera el cargo de director del Museo de Bellas Artes a un Andrés de 26 años; esta sería su primera oportunidad de incursionar profesionalmente en el campo cultural. Durante su gestión se llevó a cabo un proyecto de obras artísticas ferroviarias que se convirtió en patrimonio cultural de la ciudad. Eligieron a 10 artistas capacitados para trabajar sobre desechos ferroviarios y, de esa manera, crear sus propias obras de arte. “La idea no era hacer un concurso, que es lo habitual porque no nos gustaba esa sensación competitiva. Eso no sirve en el mundo del arte, ¿quién es mejor, Charly García o Spinetta? No importa”.

 

Una de las obras creadas con desechos ferroviarios que forma parte del «Paseo de las Esculturas» de Bahía Blanca.

 

Hoy, Andrés se pregunta quién será el nuevo secretario de Cultura de la Nación, con el cual deberá trabajar a partir del 10 de diciembre. “Cuando te ponen a dedo y no tenés mucho carácter te pueden doblegar y obligar a hacer lo que quieran. Lo bueno de estar acá por concurso es que me da una espalda más grande ante los cambios políticos”, afirma Andrés, quien desde hace cuatro años dirige el gran museo que llama “transatlántico” y que probablemente sea el Museo de Bellas Artes más importante de Sudamérica.

 

EL MUSEO, UNA SEGUNDA CASA

 

No se puede ingresar al Museo Nacional de Bellas Artes antes de las once de la mañana a menos que seas empleado del establecimiento. Cincuenta y dos guardias se encuentran distribuidos a lo largo y ancho del edificio ubicado en la avenida del Libertador. No siempre fue así. Décadas atrás habían menos guardias. En la noche de navidad de 1980, durante la última dictadura, solo un sereno y un bombero cuidaban el museo: comieron, brindaron y se quedaron dormidos; cuando despertaron eran las cuatro de la mañana y alguien se había robado 16 cuadros y 7 piezas antiguas de gran valor: un total de 25 millones de dólares. En 2005, aparecieron tres de esos cuadros, «el resto dicen que están en Hong Kong, los tendrá algún mafioso en la casa. Ese tipo de obras no las podés vender fácilmente porque enseguida te salta la alarma de la Interpol», opina el actual director del museo, Andrés Duprat. 

 

El Museo Nacional de Bellas Artes funciona desde 1886 pero recién en el año 1933 comenzó a ocupar su actual sede.

 

Al Museo Nacional de Bellas Artes se puede llegar de muchas formas: auto, subte, bicicleta y colectivos pasan por la institución, que parece desentenderse del quilombo porteño. Sin embargo, Andrés destaca que no es casualidad que el museo sea un espacio tranquilo: “Nosotros hemos trabajado para que así lo sea: en ese caos que es Buenos Aires, donde estamos todos los zombies mirando la pantalla del celular o cómo nos bombardean las publicidades y los carteles, nosotros buscamos que el museo sea un espacio de paz, donde bajás un cambio al mismo tiempo en que ves obras que no tenés ni en tu casa ni en la vía pública”.

 

El arte es un campo que cada año va desafiando sus fronteras. “Lo que hoy uno no tendría dudas de decir qué es arte, hace cincuenta años de ninguna manera se hubiera aceptado que lo era. El arte se va ampliando y las instituciones deben acompañar ese dinamismo”. Andrés destaca que tiempo atrás iban al museo solo quienes se interesaban por el arte. En cambio, ahora es casi una visita obligatoria cuando vas a una ciudad. Más allá del éxito que están viviendo los grandes museos del mundo, Duprat destaca que el punto clave de las artes visuales siempre ha sido el mismo: “La experiencia sensible. Es algo que sucede en las otras artes, pero que en las artes visuales se fue perdiendo. Vos cuando escuchas música, conectás o no desde un lugar sensible, pero no te parás a preguntarte cosas como cuando te acercás a un cuadro: `¿Esto donde fue hecho? ¿Cuánto tardó en hacerla?´, son preguntas anecdóticas e idiotas que impiden la experiencia sensible”. La propuesta podría ser acercarse a la obra como lo hacen los niños, quienes para Andrés sí pueden conectar con las obras, sin embargo las instituciones como la universidad castran dicha capacidad. “Jamás pasó que un nene te pregunte: `¿Este autor es argentino? ¿En qué contexto se creó esta obra?´. No le surgirían esas preguntas y un poco esa capacidad es la que estaría bueno recuperar”.

 

Andrés también se destaca como curador artístico de algunas exposiciones del museo.

 

El Museo Nacional de Bellas Artes tiene una asignatura pendiente anhelada por todos sus directores: una importante ampliación y renovación edilicia del museo. El plan sería hacer que el Museo tenga el triple de tamaño que el actual y además sostenga un diseño más moderno y cuente con todos los servicios que tienen los museos más conocidos del mundo. “Lo más difícil ya lo tenemos, que es tener una colección superlativa. Si hacer el edificio que sugiero vale 150 millones de dólares, la colección que tiene el museo vale más de 2500 millones de dólares”. Hace décadas se demanda la inversión en un edificio nuevo que pueda preservar, valorar y exponer el semejante tesoro que tiene el Bellas Artes “Nosotros mostramos solo el 10 % de las obras que tenemos”. ¿Qué sucedía cada vez que un director intentaba llevarlo adelante? “Siempre pasaba lo mismo, te dicen que no es el momento indicado. Mi estrategia para el año que viene es avanzar en el desarrollo de un proyecto de ampliación, para que cuando se den las mínimas condiciones para avanzar ya tengamos la idea lista y solo quede llevarla a cabo”. 

 

¿Cómo se fijan los precios de las obras? Personas como Andrés, que han dedicado toda su vida al arte, se lo siguen preguntando porque a diferencia de otros objetos, como un auto, por ejemplo, no podemos argumentar tan simplemente que un cuadro o un dibujo valga 30 mil dólares. “Todavía no entiendo por qué sucede esto, debe ser una perversión del capitalismo. La obra de arte es un objeto que no tiene relación con otros. En el arte un objeto que hoy vale 100 dólares después puede valer 50 mil dólares y después puede no valer nada”. 

 

En la oficina de Andrés se puede observar este cuadro del artista argentino, Eduardo Stupia.

 

El espacio que dirige Andrés es un museo nacional, no de Buenos Aires. Las obras del museo debieran de ser expuestas en el resto del país para que todos los ciudadanos podamos disfrutarlas. Tiempo atrás esto no era reflejado en la práctica, ya que los directores pensaban que las obras del museo eran tan importantes que los museos de las provincias no cumplían con los standars de exhibición necesarios y, por lo tanto, las exposiciones no se realizaban en otras localidades del país. Hoy las exposiciones del museo también se encuentran en un circuito de exposición más federal.

 

El rango de las personas que exponen en el museo es de sesenta años para arriba. “Este es un museo consagratorio. Por ahí puede haber un proyecto de un artista más joven, pero nada grande”. Personas que han dedicado su vida al arte, que han consagrado una carrera a lo largo del tiempo e hicieron un aporte a la historia del arte son quienes cumplen con esta misión del museo de exhibir grandes muestras y consagrar artistas. 

 

Actualmente el museo se encuentra exhibiendo un homenaje al artista visual, Julio Le Parc.

 

—¿Cómo viste la gestión del secretario de Cultura, Avelluto? ¿Qué evaluación tenés de tu gestión hasta ahora en el museo?

 

La gestión de Avelluto en cultura no fue buena, y la gestión de Macri, tampoco. Ojalá que el nuevo gobierno vuelva a poner el Ministerio de Cultura. Con respecto al museo, nosotros hicimos una muy buena gestión porque no tuvimos ni un solo despido, el presupuesto se aumentó y pese a la inflación pudimos tener muestras de obras muy importantes. Volvimos a tener en claro la misión del museo, a exponer grandes artistas argentinos como Le Parc y Xul Solar. Arquitectónicamente también está mejor, ya que pusimos en valor la tienda, la recepción, el ascensor, la accesibilidad con rampas nuevas. Es un museo más amable para el visitante. Después, también hay todo un circuito de arte latinoamericano que estaba borrado. Antes estaba esa concepción de «bueno somos Argentina, entonces somos europeos» que era muy graciosa. Si bien tenemos también una exposición de arte europeo muy buena, también había obras de arte precolombino buenísimas, que solo se mostraban esporádicamente y ahora las dejamos de forma permanente.

 

EL POWER TRÍO CINEMATOGRÁFICO

 

Los hermanos Duprat (Gastón y Andrés) y Mariano Cohn vienen dando, hace varios años, pasos gigantes en el rubro del cine: “El hombre de al lado”, “El ciudadano Ilustre” y “Mi obra maestra”, entre otras películas han convocado al público argentino y a la crítica internacional. Andrés como guionista de las obras logró ganar en 2016 y 2017 los Premios Platino al mejor guión original,​ el Premio Sur al mejor guión original​ y el Premio Miguel Delibes al mejor guión original de la Semana Internacional de Cine de Valladolid, por su guión original para “El ciudadano ilustre”. “Muchas de las obras comparten un tema que evidentemente a mí me obsesiona y me persigue: el choque entre lo que se hace llamar ‘alta cultura’ y ‘el arte popular’”, reconoce Andrés.

 

De derecha a izquierda: Andrés Duprat, Gastón Duprat, Oscar Martínez y Mariano Cohn.

 

La idea de “El ciudadano ilustre” tiene su posible origen en un evento de la niñez de los hermanos Duprat. Un día, el colegio al que asistían los hermanos Andrés y Gastón consiguió que César Milstein, el premio Nobel de Medicina de Bahía Blanca, visite la institución para hacerle un homenaje. “De ahí creo que nos quedó esa idea del personaje célebre que nadie sabía qué había hecho, pero que de alguna forma enorgullece a la ciudad y te hace sentir que el Nobel también lo habías ganado vos”. Sin embargo, Andrés destaca que la sociedad argentina es muy particular en su trato con sus ídolos: “Nos regocijamos con el éxito de otros, pero también después los criticamos y es la metáfora del ciudadano: te doy para que tengas”. 

 

—¿Cómo ves hoy el cine argentino?

 

El cine argentino hoy en día está mejor que antes. Cuando yo tenía veinte años recuerdo que habían personas que decían «yo cine argentino no veo», como si fuera una categoría. Ahora el cine argentino es muy prestigioso en todo el mundo; viajo a los festivales y veo que en el ambiente del cine, particularmente, se habla de un prestigioso cine argentino. En otras disciplinas no tanto (en artes visuales, Argentina no es reconocida mundialmente). Lo que pasa es que la sociedad argentina es muy autocrítica y eso se plasma en el cine. Entonces, son películas muy cercanas a lo que es uno. 

 

2020 puede llegar a ser el último año de gestión de Andrés en el Museo Nacional de Bellas Artes.

 

 

NUEVA DÉCADA, NUEVOS PROYECTOS

 

Ahora estamos haciendo una nueva película que se estrena a fines de febrero de 2020”, anticipa Andrés, que en sus tiempos libres del museo se dedica a trabajar en su segundo amor, el cine. La nueva historia trata acerca de un proyecto cinematográfico muy importante, donde una exitosa directora trabaja con dos actores de extracciones muy diversas: uno es un actor de teatro ideologizado con posición política, con una actitud combativa con respecto al arte y es del underground y del teatro; y el otro que es su partner que es todo lo contrario, un actor de Hollywood, latino, multimillonario y de la industria del entretenimiento. “De vuelta está el choque de dos visiones del mundo distintas. Me interesa porque es un tema para pararse a pensar, ¿hay una alta cultura? Si la hay entonces, ¿hay una baja cultura?”. La pregunta queda hecha.

 

POR: JUAN IGNACIO ZINGONI

FOTOGRAFÍA: LUCAS BAYLEY

 

Juan Ignacio Zingoni

Juan Ignacio Zingoni tiene 23 años, es de Bahía Blanca y estudia Ciencias de la Comunicación Social (UBA). Comenzó cubriendo recitales y entrevistando músicos para la revista digital "SPE". Co-produjo "Y se reía como loca" en FM La tribu y "Antes que nosotros" por Radio Monk. Sus temas preferidos para tratar son: arte, ciencia y medio ambiente. Como hobby escribe cuentos de ficción y aprende a tocar distintos instrumentos. Juan espera que cuando termine la pandemia pueda volver a producir "Terraza", un ciclo de música en vivo, cata de vinos y maridaje.

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