«LA LITERATURA TE SALVA»

RAISA DILIMAR SABOGAL DUQUE

 

Luis Mey es un escritor que trabajó por más de diez años en la Librería El Ateneo Grand Splendid, pero desde hace un año, consiguió abrir una propia, a la que llamó “Suerte maldita”, ubicada en Serrano 1394, Buenos Aires, Capital Federal. Por mucho tiempo llevó su vida de librero durante el día, y la de escritor por las noches. Su vida se desarrolla entre la escritura, libros y los talleres literarios que dicta grupales e individuales. Es autor de más de cuarenta novelas, entre las que se destacan las que conforman la Trilogía Desgarrada: “Las garras del niño inútil”, “En verdad quiero verte, pero llevará mucho tiempo” y “Los abandonados”, pero hace pocos meses editó su décimo libro, “Brujas de Carupá”, donde explora la macumba, la hechicería y la infancia.

 

¿Cómo logra por estos días un escritor independiente llamar la atención de un importante sello editorial? ¿Por qué vale la pena invertir en un libro impreso en esta era donde lo digital se adueña de nuestro tiempo?

 

Cuando Luis se inició en la escritura, relata que todo comenzó por un error y que “nada puede salir mejor que por ese principio”. Alguien le dijo cuando tenía 15 años —cuando estaba perdido en la vida— que tenía que escribir. Desde esa edad comenzó su pasión por la literatura y a volcar en cientos de papeles lo que rondaba en su cabeza; sin embargo no cree en musas inspiradoras: “A mí se me aparece la inspiración en la ventana y yo agarro un arma y le disparo. No creo en la inspiración, creo en el trabajo, pienso en las escenas que debe tener una historia, como el humor, la comedia, la tragedia y escribo sobre eso.  Todo es como un embudo donde se van juntando las ideas y, de repente, caen dos gotas y ese es tu texto”.

 

¿Te tocó vender tus propios libros a algún cliente de las librerías donde trabajaste? ¿Cómo se vive esa experiencia?

–Al principio era sorpresa, después comenzó a hacerse más normal. Era una experiencia incómoda, no decía que era el autor de los libros, así que muchas veces me pasó que llegaban a la caja a pagar el libro y cuando abrían la solapa y se daban cuenta, me decían: “Che, pero sos vos el escritor, firmame el libro”. Siempre fue una dualidad donde había orgullo, pero vergüenza al mismo tiempo.

 

–¿Cómo hace hoy un autor sin apoyo de grandes editoriales para difundir su obra en una ciudad como Buenos Aires? 

–Aprendiendo a perder, del rechazo. La mayoría de los autores se rinden al segundo rechazo, hay que ser autocrítico y decir “si, me rechazaron esta obra porque no estaba bien y tienen razón”. Uno tiene que practicar o como le digo yo, “salir a perder”. Es muy importante que salgas a perder, hay muchas editoriales en una ciudad grande, no hay que quedarse con el pensamiento de “mi novela es perfecta y no me publicaron”; si te rechazaron, escribí otra novela o reescribí esa, o intentá con otra editorial, pero sin tener una sola cosa para presentar. El escritor debe concentrarse en escribir una obra, no solo texto.

 

«La mayoría de los autores se rinden al segundo rechazo, hay que ser autocrítico y decir ´si, me rechazaron esta obra porque no estaba bien y tienen razón´. Uno tiene que practicar o como le digo yo,´salir a perder´».

 

¿Es posible vivir de la escritura?

Se puede vivir de cualquier cosa, es difícil y cada caso es único, pero sí se puede. Es un sueño hermoso vivir de lo que escribe, pero si ese es el sueño, uno tiene que ser responsable de él. Si no eres responsable con tus sueños, no va a pasar; tiene que empezar con uno, luego hablamos del mercado y todo lo que sucede después.

 

“La literatura te salva”, dice Luis Mey sobre este arte que ocupa gran parte de su vida, ya que escribe novelas, trabaja en una librería y también dicta talleres literarios. Foto: Gentileza Café Los Notables.

 

Trabajaste con Editorial Planeta y, actualmente, publicás a través de Factotum Ediciones, ¿cómo es el proceso para pasar de escribir de manera independiente a firmar con un sello editorial? ¿De qué depende que hoy pueda sucederle eso a un escritor joven?

Son modos diferentes de edición, unos publican mucho por mes y los otros un poco menos y los cuidan un poco más, pero al mismo tiempo los grandes sellos están en todas partes inmediatamente. Cada cual tiene sus ventajas y desventajas. Para los que les cuesta publicar, piensen cómo va el armado de su obra en la computadora, no de la obra como un texto: si escribiste una novela, escribe otra, cuentos, poesía, hay que leer mucho y tener mucha paciencia. Esta es una carrera de mucha paciencia y años.

 

–¿Se puede en esta época digital atraer a una persona a que se tome un rato para leer una historia en un libro? 

–El revolucionario es un lector, es una persona que entiende que las redes digitales te atrapan. Leer hoy lo admiro mucho. Creo que se puede, creo que hay gente que no puede y que ojalá pueda en algún momento. Veo lectores mucho más conscientes que antes. Antes era solo la tele, hoy son muchas más cosas las que te mantienen apegado al celular; es inevitable. Hoy ganarle a eso es admirable.

 

«Veo lectores mucho más conscientes que antes».

 

“Uno tiene el deber de contar lo que uno vive”

 

Luis fue librero por más de diez de años, un trabajo que hacía mientras escribía sus novelas. De hecho, varias de esas experiencias las llevó a las páginas de una de sus obras más conocidas: Diario de un librero. Muchas ocurrencias se pueden encontrar en este título, donde relata divertidas historias con un trasfondo crítico-social. Por ejemplo, en esta cita de esa publicación, se transmite cómo muchas veces a la hora de comprar un libro, creemos saberlo todo al momento de pedirlo, pero la realidad es que seguramente no sabemos cómo pedir siquiera un kilo de limones, como nos cuenta el mismo Luis: 

 

Domingo

 Franco. 

 

Mi compañero de sector, Carlos Ávila, me contará que una chica jovencita acelerada y con bolsas de ropa le preguntó: –¿Libros de Gael García Márquez?

 

 –Gabriel… 

 

 Y la chica se rió, como si fuera evidente en qué estaba pensando, y dijo: 

 

–Ah, sí… Gabriel…”.

 

Luis Mey, Diario de un Librero.

 

No son solo relatos con un toque de comedia y de ironía, habla sobre una cultura que cree saberlo todo de todo, pero que, en realidad, cada día puede aprender algo nuevo.

 

–¿Cómo fue el proceso de escritura de Diario de un Librero? ¿Qué te llevó a escribir este tipo de historias, distintas a las que ya publicaste?

–Es el que más proceso tuvo, primero tuve que tener un momento de decisión para poner todo aquello que junté para hacer una obra de todas las pequeñas obritas que eran. Anotaba en un cuadernito, en un papel las cosas que escuchaba. Cambié la estructura muchas veces, primero era una historia de corrido, donde esas historias eran parte de las peripecias de un personaje que hacía otras cosas, hasta que me di cuenta que eran cuentos en sí mismo, y respeté, mucho mi propia teoría de la novela. Una novela es una ilación de cuentos, donde el truco está en el hilo, pero cuentos al fin. Después me pareció interesante que participaran colegas del rubro y que fuesen también autores del libro, así que les pedía que me contaran de sus vivencias y sus historias.

 

Una caricatura que muestra uno de los tantos diálogos que incorporó Luis Mey a su novela Diario de un Librero, donde ironiza con humor sobre el público que recibió a lo largo de estos años. Dibujo: Daniel “Pito” Campos. 

 

–En tu última novela, “Brujas de Carupá” –publicada este año–, la infancia, la hechicería y la magia toman protagonismo. ¿Por qué?

–Primero, porque me interesa mucho la infancia como sistema de patria potestad, de gente que está bajo el poder de otros. ¿Cuáles son las libertades que están dentro de ese sistema que no tiene libertad? Infante significa “no hablante”, es un tema que me interesa bastante. Por otro lado, crecí en un barrio con mucho folklore, con mucha macumba, la señora de la esquina que leía la taza del té o leía las manos. Me parecían que eran personajes riquísimos, porque había una voluntad de creer en ello y había gente que vivía de eso, así que dije “bueno, vamos a hacer un pequeño cambio a lo existente”. Entonces, el hijo de un personaje tiene poderes reales, pero como tiene retraso mental, no lo sabe. ¿Qué hace una persona con poderes, pero sin poder manejarlos? Y con esa, dije “¿a ver qué puede pasar?”. Y siempre pintando la aldea, por un hecho de recordar esos años, de trasladarme a mi pasado.  Uno tiene el deber de contar lo que uno vive.

 

¿Qué le dirías a las personas que quieren iniciarse en el mundo de la escritura en esta época?

–Que escriban, que cometan errores, que aprendan detalles, como el uso de la coma, que lo aprendan en la escritura, que escriban diez veces el mismo cuento, pero con mejores herramientas cada vez que se sientan a escribir esa idea. Que practiquen, que amen el oficio, que tengan su rato diario para escribir algo, un cuento de sus vacaciones, la historia de su primer beso, lo que sea. Que sean humildes con sus errores, que corrijan sus errores, que se sienten y corrijan lo que escribieron una semana después de que lo hicieron, que se sienten a tipear y que aprendan el oficio.

 

RAISA DILIMAR SABOGAL DUQUE

Revista Sendero

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