La Buenos Aires perdida

«Buenos Aires es la mejor ciudad del mundo. Pero paradójicamente, también puede ser la peor ciudad del mundo. Tiene algo de la sofisticación de las capitales europeas, pero con la justa y necesaria cuota de decadencia que hace que no tenga esa belleza empalagosa de París. Todo puede pasar en Buenos Aires”, dice Guillermo Francella en Mi Obra Maestra.

 

Calle Florida, año 1937.

Tantas frases expresan el amor por la metrópolis del país, donde su esplendor vivió épocas de ensueño con sus calles adoquinadas, palacios y cafés repletos de ideas y de historias. 

Su elegancia le permitió que la comparaban con París, Barcelona y Londres a comienzos del siglo XX. Hasta el mismísimo Albert Einstein, en su paso por Buenos Aires en 1925, la definió como «una Nueva York atenuada por el Sur«.

Pero el paso del tiempo, el descuido, los negocios inmobiliarios y la falta de valoración le quitaron la belleza a la ciudad y su patrimonio que se construyó sobre la base de las últimas corrientes arquitectónicas.

El pabellón Argentino

El Pabellón Argentino, 1910.

Uno de los grandes ejemplos fue el Pabellón Argentino en Plaza San Martín, un edificio que construyó el Estado argentino para participar en la Exposición Universal de París en 1889 y luego de su presentación lo desmontaron y emplazaron en Retiro, donde funcionó como Museo de Bellas Artes desde 1910 a 1932, hasta que se decidió demolerlo para ampliar la plaza. Pero no todo se demolió:  las estatuas de cada esquina fueron conservadas y se encuentran en distintas plazas, avenidas y en la escuela Técnica Raggio. Ochenta años después, aparecieron en Mercado Libre piezas del edificio a la venta; un galpón en Merlo tenía parte de la estructura.

La Plaza San Martín hoy, luego de la demolición del Pabellón para su expansión.

Avenida 9 de Julio

Otro de los grandes hitos urbanísticos fue la ampliación de la Av. 9 de Julio, aprobada en 1912 y llevada a cabo en diferentes etapas del siglo. Paso a paso se perdieron distintas residencias, edificios y parte del casco histórico. Un lugar presente en la literatura argentina es el Pasaje Seaver, mencionado en El Túnel de Ernesto Sábato y comparado con el barrio parisino de Montmartre. El cariño de los vecinos y su resistencia, no evitaron su demolición en 1980.

Pasaje Seaver, año 1960.

Por fortuna, uno de los edificios que logró salvarse fue la embajada de Francia, la cual se negó a venderla para la ampliación de la Avenida 9 de Julio. Por esta razón, la calle Cerrito tiene una bifurcación que bordea el edificio.

La Embajada de Francia y el mapa con la referencia.

El Pabellón del Centenario

Para ser más explícito con la falta de valoración de nuestra historia basta con ir al Easy de Palermo y adentrarse en la parte trasera donde encontramos el último emblema de los cien años de la Revolución de Mayo, El Pabellón del Centenario. Se construyó a modo de festejo junto a otras 34 edificaciones, y es la última que se mantiene en pie; pudo escapar de las demoliciones de diferentes gobiernos. De lo que no pudo escapar es de su utilidad como depósito y de descuido a la que está sumida, debido al estar encerrada por dos hipermercados, Easy y Jumbo. 

El Pabellón del Centenario durante su inauguración en 1910

Su olvido solo demuestra la deshonra a nuestro pasado y la falta de conciencia de los esfuerzos de patriotas a lo largo de la historia, que reivindicaron la fecha patria de la Revolución de Mayo.

El Pabellón del Centenario hoy, en total abandono.

Av. de Mayo

Los tejados son una de las pérdidas más grandes de Buenos Aires. Era una de las ciudades con más cúpulas del mundo y dejó de serlo: el paso del tiempo y la negligencia le restaron belleza a los cielos porteños. 

Av. de Mayo, casi un siglo atrás.

Esta avenida es una de las más afrancesadas de la ciudad. Sus cúpulas de estilo neoclasicista, la dotaron con el encanto y la mención de la París de América. Pero la necesidad incesante de ampliar la Av. 9 de Julio le robó parte de su atractivo y las constantes crisis y falta de conciencia, las llevaron a su total desaparición.   

 

Av. de Mayo en la actualidad

El Cabildo 

El Cabildo es el edificio más icónico del país. Origen de los primeros pasos hacia la independencia, sufrió descuidos, modificaciones y mutilaciones. La principal deshonra fue la quita de sus alas derechas e izquierda para ampliar las calles en la ciudad. Se le quitó su esencia con la intención de adaptarlo a las corrientes de la época, se lo profanó y prostituyó para que pareciera italiano.

El Cabildo, «italianizado»

Para finales del siglo XIX, se consideraba inferior conservar el estilo colonial en la ciudad por su relación con la época de la colonia, por lo que en la presidencia de Nicolás Avellaneda, en 1879 se modificó su aspecto. Hasta que tiempo después se decidió devolver el estilo original en memoria de su estilo y suceso histórico.

En la izquierda, el Cabildo con torre; en la derecha, ya mutilado para dar paso a la calle.

Rodolfo De Liechtenstein, arquitecto y socio fundador de Arqui-viajes, adjudica la pérdida del patrimonio a varios factores pero principalmente a la juventud como país y sociedad: «Buenos Aires tiene apenas 500 años de historia, es practicamente nueva. Mientras nos fundábamos como ciudad, Miguel Ángel pintaba la Capilla Sixtina y Giulio Romano hacía el Palacio de Té».  

«El esplendor como ciudad lo encontramos a partir de 1895, de la mano del modelo liberal, donde el PBI llegó a ser el más alto del mundo, conviertiendonos en la París de América. Desde 1890 a 1930 comenzamos a aparecer en el mapa. 

Un ejemplo del pasado de Buenos Aires es la Avenida Alvear, que tiene la concentración de residencias afrancesadas más alta del mundo por fuera de Francia», agrega De Liechtenstein. Pero Rodolfo da cuenta de la falta de conciencia de las autoridades en el siglo pasado, quienes dispusieron demoler el Palacio Ortiz Basualdo Anchorena para dar paso a un edificio de oficinas (hoy en día se encuentra el edificio de American Express). 

Palacio Ortiz Basualdo Anchorena

«No somos como los franceses que se incendia Notre Dame y en dos días juntan una millonada para reconstruirla, somos un país joven en formación que recién hace 20 años empezamos a prestarle atención a nuestra historia»,comenta RodolfoDe Liechtenstein, experto de la historia de nuestra arquitectura. A la par establece dos épocas como distinción, la primera referida desde 1880 hasta 1930, pleno desarrollo del liberalismo que supo mostrar la mejor cara de la ciudad; y por otra parte las gestiones de Mauricio Macri tanto en la ciudad, como a nivel nacional que realizaron restauraciones como las de Retiro y Constitución.   

Las cabeceras de tren de Constitución y Retiro fueron restauradas en los últimos años.

Es abrumador ver parte del encanto que teníamos como ciudad, donde en el sur del mundo se erigió un estandarte de arquitectura. «No nos une el amor, sino el espanto, será por eso que la quiero tanto», dijo Jorge Luis Borges sobre la ciudad de Buenos Aires. Es nuestro deber descubrirla, disfrutarla, pero sobre todo preservarla.

lucasbayley

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