ASSANGE: EL PERIODISMO QUE MOLESTA

POR AGUSTÍN COELHO

Registros de la Guerra de Irak; el vertido de residuos tóxicos en Costa de Marfil por la multinacional Trafigura, una empresa dedicada a la comercialización de metales básicos y energía; los manuales de instrucción de la base militar de Guantánamo; el Collateral Murder, un video del tiroteo por parte de soldados estadounidenses a un grupo de iraquíes y dos colaboradores de la agencia de noticias Reuters; y la censura de Internet en China son algunas de las filtraciones que reveló Julian Assange. Desde que el australiano fundó en 2006 la agencia de noticias WikiLeaks, no paró de publicar información inédita, hasta acumular un total de 1,2 millones de documentos. 

Sin embargo, revelar secretos de Estado no es gratis: la Justicia estadounidense quiere condenar a Assange a 175 años de prisión.

Esta historia comienza en el 2010, cuando WikiLeaks publicó documentos como el video Collateral Murder, los Diarios de la Guerra de Afganistán (92.000 documentos sobre la Guerra de Afganistán entre los años 2004 y 2009) y registros de la Guerra de Irak (391.831 documentos filtrados en los que se revela torturas y la cifra de 109.032 personas asesinada en Irak, de las que 66.081 eran civiles). En 2010, Assange, quien visitó Suecia con el propósito de promocionar las megafiltraciones, tuvo relaciones sexuales con dos mujeres, quienes lo denunciaron por abuso sexual. La fiscal superior Marianne Ny llevó adelante la investigación y después de buscarlo sin éxitos para realizar un interrogatorio, y que se sospechara que había vuelto a Inglaterra, la policía sueca solicitó la intervención de Interpol (Organización Internacional de Policía Criminal), que el 20 de noviembre emitió una alerta roja (de máxima prioridad) para su captura y extradición a Suecia. El 7 de diciembre, Assange fue detenido por la policía británica luego de presentarse en la comisaría por su propia voluntad. Días después fue puesto en libertad bajo fianza. 

El 24 de febrero de 2011, la Justicia de Gran Bretaña autorizó su extradición a Suecia por los supuestos abusos sexuales. Después de que le rechazaran todos sus argumentos de defensa durante el 2011 y la mitad de 2012, en junio solicitó refugiarse en la Embajada de Ecuador. Tomó esta decisión porque sabía que Estados Unidos preparaba su propia solicitud de extradición por causas de espionaje (la cual hasta ese momento se mantenía en secreto). El 16 de agosto de 2012, el canciller de Ecuador en Gran Bretaña, Ricardo Patiño, bajo la aprobación del entonces presidente Rafael Correa, anunció la decisión de su país de concederle asilo político en la Embajada. En mayo de 2017, Suecia decidió cerrar la causa que tenía Julian Assange por supuesta violación. 

Pero todo cambió el jueves 11 de abril de 2019, cuando el nuevo presidente de Ecuador, Lenin Moreno, decidió dejar de darle asilo a Assange y le retiró la nacionalidad ecuatoriana que se le había concedido. La policía británica procedió a arrestarlo con el argumento de que no había cumplido con una orden de presentarse ante los tribunales ingleses en 2012 y, además, para cumplir con un juicio de extradición solicitado por Estados Unidos (busca que se lo envíe a Assange a suelo norteamericano para ser juzgado por violar la Ley de Espionaje sancionada en el año 1917). Se lo acusa de haber participado en el robo y difusión  de informes militares confidenciales que revelan los crímenes de guerra cometidos por la administración de George W. Bush en Irak y en Afganistán.

El juicio de extradición tuvo su primera audiencia en Londres, el lunes 24 de febrero del 2020 y duró cuatro días. La segunda parte se realizará, si el coronavirus lo permite, entre el lunes 18 de mayo y el viernes 5 de junio. Mientras tanto, Assange se encuentra bajo custodia en la prisión de alta seguridad de Belmarsh ubicada al sureste de Londres, a la espera de la decisión de la jueza Vanessa Baraitser. Si se concretara su extradición y, luego de ser juzgado en Estados Unidos, se lo declarara culpable de espionaje,  la libertad de prensa sufriría un golpe tremendo. 

—Si Assange es condenado, el mensaje es claro: todos tienen prohibido divulgar información de Estado. La gran disyuntiva es libertad de expresión o seguridad nacional; tiendo a priorizar la libertad de expresión, especialmente cuando son casos socialmente relevantes —afirma Guillermo Mastrini, Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. 

Estados Unidos ya aseguró que Assange no podrá utilizar la  Primera Enmienda (libertad de expresión y libertad de prensa) porque no es periodista. 

—Algunos dicen que Assange es periodista y que debería ser inmune al enjuiciamiento por estas acciones, pero no es periodista. Nuestro departamento se toma en serio el papel de los periodistas en nuestra democracia. Ningún actor responsable, periodista o de otro tipo, publicaría a propósito los nombres de individuos que él o ella sabía que eran fuentes humanas confidenciales en una zona de guerra, exponiéndolos a los peligros más graves —afirmó John Demers, Jefe de Seguridad Nacional de Estados Unidos. 

—No hay ningún patrón objetivo que te permita separar a Assange del resto de los periodistas. El espía roba información, ya sea para vendersela a otro país, Estado o organización, por razones de dinero o ideológicas, mientras que lo que él hace es publicarla. Eso lo hace ser un periodista y no un espía —apuntó el periodista Santiago O’Donnell a Revista Sendero. O’Donnell, que tuvo contacto con Julian Assange más de una vez, recibió de su mano un pendrive que contenía 2500 documentos de los cables de la Embajada de Estados Unidos en Argentina. A partir de una importante investigación sobre los documentos del pendrive, escribió los libros ArgenLeaks y PolitiLeaks. Además, es el Director General de Medio Extremo y Editor Jefe de internacionales en Página/12 También trabajó en Los Angeles Times, The Washington Post y La Nación.

—La acusación y el comunicado de prensa del Departamento de Justicia tratan las prácticas periodísticas cotidianas como parte de una conspiración criminal. Es muy preocupante que la acusación se extienda a actividades que no solo son legales, sino esenciales para la libertad de prensa como cultivar fuentes y  proteger su identidad —señaló en un comunicado de prensa Jameel Jaffer, Director Ejecutivo del Knight First Enmienda Institute de la Universidad de Columbia, un instituto creado en 2016 para salvaguardar la libertad de expresión en el ecosistema digital.

La Primera Enmienda, que es parte de las diez enmiendas de la Carta de Derechos de los Estados Unidos —que garantizan libertades personales y limitan el poder del Gobierno en los procesos judiciales—, prohíbe la creación de cualquier ley que interfiera en la libertad de prensa o de expresión. 

—Durante la Primera Guerra Mundial, se sancionó la Ley de Espionaje, que de momento, no se ha aplicado nunca para perseguir ni penar el accionar de un periodista. En caso de que esto suceda, la Primera Enmienda, que posee mayor jerarquía constitucional que la ley de espionaje, no lo permitiría. Es decir, su aplicación al caso resultaría inconstitucional —afirmó la abogada Noelia Coelho Silva, especialista en derecho penal, a Revista Sendero.

Assange está acusado de conspirar con Chelsea Manning, exsoldado y analista de inteligencia del Ejército de Estados Unidos. Los juzgan por  buscar acceder al sistema del Departamento de Defensa estadounidense.

—No hay pruebas de que Assange haya participado en el hackeo de las computadoras del Gobierno junto a Manning. En todo caso, les podrá haber dado consejos a sus fuentes de cómo pasarle la información, o decirles qué tipo le interesaba, pero es lo habitual que hacen los periodistas —sostuvo el periodista Santiago O’Donnell.

Manning, quien fue indultada por Obama luego de pasar 7 años en la cárcel, se convirtió en un símbolo de lucha después de las filtraciones de WikiLeaks. En 2019 se negó a declarar otra vez contra Julian Assange y volvió a ser detenida. En marzo de este año intentó quitarse la vida. Posteriormente fue puesta en libertad.

La extradición por delitos políticos, que adquieren dicha denominación cuando dañan al propio Estado, no se concede debido a que estos dejan de serlo al atravesar las fronteras. 

—El delito político por el que es acusado Assange, al tener una naturaleza extra penal, es de difícil conceptualización. Si Assange reveló documentos confidenciales y maniobras ilegales, que lleva adelante el propio gobierno estadounidense en la guerra o en la cárcel de Guantánamo, la acción está claramente empapada de connotaciones políticas —dijo la abogada Noelia Coelho Silva sobre el Tratado de Extradición que existe entre Gran Bretaña y Estados Unidos, donde queda específicamente excluida la extradición por delitos políticos.

—Es muy probable que se lo extradite. Porque a pesar de que la legislación británica y europea prohíben extradiciones políticas, van a invocar argumentos de seguridad nacional o algún tipo de excepcionalidad para realizarla. Esto se nota en el trato del Gobierno británico hacia Assange: lo tratan como un terrorista peligroso. Es un mensaje a la justicia, en particular a la jueza Vanessa Baraitser, que lleva adelante la causa de extradición y que, hasta el momento, ha fallado de manera favoreciente a los intereses de Estados Unidos; negó todos los pedidos de postergación para ampliar evidencia y preparar la defensa que propuso Assange. Lo que sí, la extradición no va a ser un trámite express, la batalla puede durar meses o incluso años —concluyó O’Donnell. 

No es ninguna novedad que Boris Johnson, el Primer Ministro Inglés, y Donald Trump son cercanos y que tras el éxito del Brexit, el británico decidió fortalecer aún más la relación con Estados Unidos. Tanto es así que han comenzado las negociaciones para firmar un acuerdo de libre comercio bilateral entre los dos países. 

—Si bien el proceso de extradición se inició por pedido de Estados Unidos, y el tribunal decidirá si corresponde o no, el gobierno del Reino Unido, a través de la ministra del Interior Priti Patel, puede igualmente conceder la extradición. Lo que evidenciaría aún más la naturaleza política del caso —advirtió la especialista en derecho penal Noelia Coelho.

Existen antecedentes con respecto a un gobierno que toma decisiones contrarias a la justicia: a finales de la década del noventa, el dictador chileno Augusto Pinochet, quien iba a ser extraditado a España por crímenes de lesa humanidad, fue dejado en libertad por el accionar del entonces ministro del Interior británico, Jack Straw. Eso permite pensar que, aunque la corte llegara a fallar a favor de Assange, la última palabra la tendrá Boris Johnson. 

«Una violación de la libertad de prensa tendría un efecto negativo en el debate público», afirmó Boris Johnson con respecto a la posibilidad de procesar a periodistas por publicar información filtrada. Foto:  Deutsche Welle.

—Lo que Assange descubrió es que el Servicio de Inteligencia estadounidense, muchas veces terceriza operaciones, que no pasan por el Congreso o el sistema legal americano, y van directamente a otros servicios de inteligencia, como por ejemplo el de Gran Bretaña. La alianza entre los servicios es parte de lo que se llama Los 5 Ojos que también incluye a los de Australia, Canadá y Nueva Zelanda, pero el lazo más importante es entre Estados Unidos e Inglaterra”, afirmó el periodista Santiago O’Donnell. 

El primer mandatario inglés, Boris Johnson, todavía no ha expresado una opinión sobre el juicio al fundador de WikiLeaks. Pero, con respecto a la libertad de expresión, sí. En 2019, tuvo lugar una filtración de los cables diplomáticos enviados al gobierno de Inglaterra, del entonces embajador británico en los Estados Unidos, Kim Darroch, en los cuales criticó la administración de Trump. Esto tuvo como resultado una investigación a cargo de la policía británica, quien luego advirtió a los periodistas que podrían ser procesados si volvían a publicar más cables filtrados. Boris Johnson criticó el ataque y dijo: “No es correcto que los periódicos o cualquier otra organización de medios que publique material sean procesados. En mi opinión, no hay ninguna amenaza para la seguridad nacional implícita en el lanzamiento de este material. Es vergonzoso, pero no es una amenaza para la seguridad nacional. Es deber de las organizaciones de medios llevar datos nuevos e interesantes al dominio público. Para eso están allí”. 

Assange recibió distinciones como el Sam Adams (2010), Sydney de la Paz y Premio al  Periodismo Martha Gellhorn (2011). También fue nominado al Nobel de la Paz (2011).

En una carta abierta de la revista médica The Lancet, publicada en febrero de este año, 117 medicos de 18 países le reclamaron a Reino Unido y Australia terminar con la tortura de Julian Assange, quien está encarcelado en la prisión británica de alta seguridad de Belmarsh. El fundador de WikiLeaks no ve la luz del sol ni respira aire fresco desde el 2012, cuando el entonces canciller de Ecuador Ricardo Patiño anunció la decisión de su país de concederle asilo político y refugiarlo en la embajada ecuatoriana de Gran Bretaña. «Si Assange muere en una prisión del Reino Unido, como alertó el relator especial de la ONU para la Tortura, habrá sido, efectivamente, torturado hasta la muerte», denuncia la carta abierta de Lancet

Previo a la primera sesión del juicio de extradición, según una nota publicada en el diario El País, la defensa de Assange aseguró que Donald Trump, mediante un emisario, le ofreció el indulto al australiano en el año 2017. La única condición era que afirmara, en su declaración, que Rusia no tuvo injerencia en las filtraciones de los correos de la campaña de Hilary Clinton en 2016 —para desestimar la ayuda rusa a Trump, algo que Assange ya negó pero no en carácter de cumplir esta petición—. Las filtraciones de Hillary que difundió  WikiLeaks contenían extractos de su conferencia con la banca de inversionistas de Goldman Sachs donde decía que le gustaría realizar una intervención secreta en Siria, entre otras afirmaciones. La difusión dañó a Clinton y favoreció a Trump en la campaña presidencial del 2016. 

¿Qué pasará con las democracias y el periodismo de concluirse la extradición, y posterior condena, de Julian Assange? 

—Guillermo O’Donnell, que escribió sobre la muerte de las democracias, decía que en el período que nos encontramos ya es muy improbable que los regímenes democráticos caigan de manera violenta a través de golpes militares. Lo que pasará —decía O’Donnell— es que vamos a perder libertades y derechos de a poco, hasta que un día nos despertaremos y la democracia habrá colapsado. Esta misma idea se puede aplicar, en el caso de Assange, a la libertad de expresión. Todo lo que pasa con él, la manera en que es torturado por haber revelado secretos de Estado, lo mal que la pasan informantes como Manning y como Snowden exiliado, manda un mensaje muy fuerte contra la libertad de expresión. Si Assange es extraditado y luego condenado en Estados Unidos por espionaje, y si terminan siendo los Estados los que deciden quién es periodista o espía, más que una amenaza a la prensa, es una amenaza a la libertad de expresión y a los derechos al conocimiento”, concluyó Santiago O’Donnell. 

Se avecinan meses de máxima tensión. Asistiremos a un juicio que, además de definir la vida de un hombre, determinará el futuro de la libertad de expresión y de prensa. 

POR AGUSTÍN COELHO

ILUSTRACIÓN: LUCIANA SÁEZ

Agustín Coelho

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