Mundial de Escritura: escribir en tiempos de pandemia

Por Cintia Elín Martínez

 

 

El aislamiento social, preventivo y obligatorio continúa vigente en la República Argentina luego de haberse extendido durante más de cuatro meses. El confinamiento ha sido diferente en cada zona del país en función de los contagios y la responsabilidad social, pero lo que ha sido uniforme para todos fue la necesidad de ajustarse a las nuevas reglas. La circulación en el espacio físico se vio severamente limitada y, por esta razón, surgieron nuevas iniciativas desde la virtualidad y otras tantas se reinventaron.

 

Tal es el caso del Mundial de Escritura, creado en 2013 en los talleres del poeta y editor bonaerense Santiago Llach, autor de ocho libros de poesía y fundador de dos pequeñas editoriales: Siesta y Garrincha Club. La iniciativa, que ya llevaba siete años gestándose como un juego entre sus alumnos, supo aprovechar la cuarentena de manera positiva y generó nuevos adeptos de todas partes del mundo. En lo que va de este año, ya se han realizado dos ediciones en las que participaron más de cinco mil personas de distintos continentes. Tal vez, en unos años, nos sintamos orgullosos de que el Mundial de Escritura sea un invento argentino.

 

El espíritu del campeonato ha sido desde sus comienzos incentivar el hábito de la escritura. Llach recibía frecuentemente comentarios de sus alumnos que no se sentían a gusto con sus propias obras o les resultaba muy difícil romper con la presión de la hoja en blanco. Por este motivo, decidió crear un juego al interior de sus talleres, que se realizaba cuatro veces por año y en el que participaban alrededor de ciento veinte alumnos. Lo nombró Le Championnat (El campeonato). 

 

Santiago Llach también trabajó como editor freelance para Emecé/Planeta y colaboró con diferentes publicaciones para Clarín, Página 12, RollingStone, Infobae, La Agenda, Brando, Bastión Digital y Eterna Cadencia.

 

Santiago estaba convencido de que perfeccionar la escritura, al igual que muchos otros trabajos, requiere entrenamiento y dedicación. Por eso, creó este sistema en el que los participantes deben escribir todos los días, durante dos semanas, un texto de al menos tres mil caracteres y socializarlo con sus compañeros. La participación fue siempre pensada en equipos ya que compartir lo escrito permite crecer de manera colectiva y, a su vez, impone una presión sobre cada participante: al medirse la efectividad del grupo, si uno falla desfavorece al resto.

 

—Se decidió hacerlo en equipos para que el compromiso fuera de todos, porque si un día uno no escribe perjudica al resto. Esa presión hace que cada uno funcione también individualmente —aseguró Catalina Lascano, encargada desde hace un año de la producción general del Mundial de Escritura.

 

A partir de Le Championnat surgieron los primeros borradores de obras que fueron posteriormente publicadas como La música que llevamos adentro de Julia Moret, La caja Topper de Nicolás Gadano, La sal de Adriana Riva y Estás muy callada hoy de Ana Navajas, entre otros.

 

Con el correr de los años, Le Championnat se mantuvo sin alteraciones significativas. Sin embargo, este 2020 fue particularmente novedoso. Si bien la cuarentena no afectó al desarrollo del campeonato que se había jugado siempre de manera online, abrió lugar a nuevas posibilidades. En esta ocasión, Santiago Llach junto a Catalina Lascano decidieron dar un paso más allá. En un principio se preguntaron qué pasaría si en vez de limitar la participación a los asistentes de los talleres, la invitación se hacía extensiva a toda la Argentina. Sin embargo, les pareció que podían ir incluso más lejos y extender la convocatoria a escritores y escritoras de distintas partes del mundo.

 

Todo comenzó entre el 16 y el 19 de marzo, cuando difundieron la convocatoria a través de un tweet. El recibimiento fue más que positivo y, en pocos días, la cantidad de inscriptos creció de manera exponencial.

 

El Mundial comenzó a difundirse el 16 de marzo desde la cuenta de su creador, Santiago Llach.

 

—A Santiago se le ocurrió abrir la convocatoria a gente de todo el mundo y tres días después teníamos 2615 personas inscriptas. Fue una locura y todos nos subimos a esa locura. Empezamos a llamar gente para que nos ayude con las inscripciones y demás —afirmó Catalina. Según los datos ofrecidos por la organización del Mundial, los inscriptos se organizaron en 303 equipos de hasta diez personas. A su vez, el 90 % era de Argentina mientras que el 10 % restante era de origen colombiano, chileno, mexicano, peruano y uruguayo. 

 

Sin dudas, el aislamiento repercutió favorablemente en la organización del Mundial ya que dio lugar a que muchas personas tengan mayor disponibilidad horaria y, en muchos casos, necesitaran volcar en palabras todo lo que estaban vivenciando. Si bien el tema, el género y el estilo son libres, “en el primer Mundial se vio reflejada la angustia del aislamiento en la mayoría de los textos. Hubo mucho diario de cuarentena”, comentó Lascano, quien también reconoció haber recibido una gran cantidad de mails de parte de los participantes agradecidos por la propuesta.

 

En esa primera ocasión que tuvo lugar entre el 23 de marzo y el 5 de abril, Catalina recordó que “la elección de los jurados se hizo un poco sobre la marcha. Santiago convocó a Leila Guerriero, Alejandro Zambra y Luis Chaves y enseguida se prendieron. De parte del mundo editorial y de los escritores hubo muy buena respuesta”. Probablemente ese haya sido uno de los motivos del éxito generado por el segundo Mundial que se desarrolló durante la primera quincena de julio y dará a conocer su ganador o ganadora el próximo 20 de agosto. 

 

En esta segunda ocasión, realizada entre el 1 y el 14 de julio, el Mundial convocó más del doble de los participantes que en marzo: 5402 fueron las personas que decidieron competir y divertirse. Además, habrá un premio especial para participantes de hasta 18 años, por lo que se convocó a alumnos de enseñanza media de toda Hispanoamérica. De ese total, el 63 % fueron mujeres y la franja etaria más numerosa fue la comprendida entre los 18 y los 25 años. A su vez, también se amplió la variedad geográfica y, si bien la mayoría de los inscriptos fueron argentinos, se sumaron personas provenientes de alrededor de cuarenta y nueve países (Alemania, Arabia Saudita, Australia, Bélgica, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Croacia, Cuba, Dinamarca, Ecuador, El Salvador, Emiratos Árabes, España, Estados Unidos, Estonia, Finlandia, Francia, Guatemala, China, Honduras, Indonesia, Israel, Italia, Japón, México, Nicaragua, Nueva Zelanda, Omán, Países Bajos, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, Portugal, Reino Unido, República Checa, República Dominicana, Rumania, Singapur, Suecia, Suiza, Ucrania, Uruguay y Venezuela).

 

—El segundo Mundial lo planificamos con más tiempo. Queríamos que en el jurado haya alguien argentino, alguien de otro país latinoamericano y alguien de habla inglesa como para poder expandirlo y sumar angloparlantes para el próximo Mundial —aseguró Catalina Lascano, productora general del campeonato. 

 

En esta oportunidad, el jurado está conformado por eminencias del mundo literario como el español Javier Cercas, la argentina Mariana Enríquez y el neoyorquino Jonathan Lethem. Además, al igual que en marzo, catorce escritores de diferentes nacionalidades se comprometieron a enviar una consigna diaria (no obligatoria) que cada equipo podía utilizar como disparador para escribir su texto del día. Entre ellos, Katya Adaui (Perú), Frank Báez (República Dominicana), Florencia Etcheves (Argentina), Hilario González (Argentina, creador del Mundial junto a Santiago Llach), Camila Fabbri (Argentina), Alberto Fuguet (Chile), Pedro Mairal (Argentina), Luna Miguel (España), Guadalupe Nettel (México), Power Paola (Ecuador-Colombia), Joca Reiners Terron (Brasil) e Ivana Soto (ganadora de la primera edición). “Menos un par que no pudieron por cuestiones de agenda, la mayoría dijo que sí enseguida a pesar de que muy pocos conocían el Mundial”, afirmó Lascano.

 

Sin embargo, haber convocado a tantos participantes y escritores reconocidos trajo aparejados ciertos obstáculos. Por ejemplo, fue necesario perfeccionar la plataforma utilizada, dedicar una mayor cantidad de tiempo a la organización y, en consecuencia, contar con un equipo de trabajo más numeroso. 

 

De izquierda a derecha: Mariana Enríquez, Jonathan Lethem y Javier Cercas.

 

Actualmente son varios los encargados de asegurar que todo funcione a la perfección. Además de Santiago Llach y Catalina Lascano, cuentan con un diseñador gráfico e ilustrador, una persona encargada de todo lo digital y una editora de videos que editó las consignas enviadas por los escritores. A su vez, también participan de este edición veintinueve pre-jurados que leyeron los textos seleccionados por los 546 equipos, de los cuales quedaron setenta y cinco semifinalistas; y otro pre-jurado de tres personas que eligió a diez de ellos. Por último, está el gran jurado (Javier Cercas, Mariana Enríquez y Jonathan Lethem) que definirá al ganador. Cabe mencionar también a la traductora, Jennifer Croft (ganadora en 2018 del primer premio Man Booker —uno de los más importantes de habla inglesa— otorgado a una traducción por la novela Flights de la polaca Olga Tokarczuk), que se encargará de traducir a los diez finalistas.

 

Asimismo, es fundamental tener en cuenta que, si bien participar en el campeonato es totalmente gratuito, cada uno de los integrantes mencionados anteriormente es recompensado por su trabajo. Para ello, se creó un sistema de contribuciones voluntarias a través de Mercado Pago. 

 

—Lo hicimos gratuito porque siempre fue un juego que tuvo mucha convocatoria en los talleres y la idea fue extender esa invitación a todos, que todos puedan participar. Lo que sí pedimos son aportes voluntarios para poder sostenerlo e ir mejorando. Al principio ni siquiera habíamos tenido en cuenta el tema de los gastos, y a medida que se sumaban más participantes, necesitábamos más gente en la organización. Hubo una respuesta positiva, la gente se copó mucho con el juego y se vio reflejado. Estamos llegando a cubrir casi la totalidad de los gastos —aseguró la productora general.

 

En cuanto al premio, consta de una suscripción al club de lectores Pez Banana, cuya duración varía en función de la posición en que haya quedado cada finalista. Por ejemplo, el autor del texto ganador recibirá durante doce meses un libro, totalmente gratuito, en su domicilio. Asimismo, en esta ocasión también ganará una suscripción el escritor y equipo que resulten ganadores de la categoría menor a 18 años. “El club lo fundó Santiago Llach con Florencia Ure (editora, dirigió los departamentos de comunicación de Planeta, Tusquets, El Ateneo y Penguin Random House) en febrero de este año y la idea es acercar todos los meses una novedad editorial a los suscriptores”, afirmó Lascano.

 

Por el momento, toda la energía de los organizadores se encuentra en los procesos de selección que darán a conocer al ganador de esta edición el próximo 20 de agosto. Sin embargo, la productora general del evento anticipó a Revista Sendero que, sin dudas, se realizará un tercer Mundial durante este 2020, posiblemente en octubre. 

 

Astrofagia, la última ganadora

 

Ivana Soto, quien participó bajo el seudónimo Astrofagia, es la ganadora de la última edición del Mundial de Escritura dada a conocer el pasado 30 de abril. Nació en La Plata en 1983 y reside allí desde entonces. Estudió comunicación social, filosofía y teatro en la ciudad de las diagonales y ha asistido a varios talleres de escritura dictados por Horacio Fiebelkorn, Diego de Miguel y Susana Caprara. 

 

Actualmente es considerada trabajadora esencial dado que se desarrolla como secretaria en un hospital público y, al igual que muchos de los participantes, a Ivana también le costaba mantener la constancia a la hora de escribir. “Astrofagia era el nombre de un blog que tenía hace mucho. Está abandonado hace un montón. Intenté abrir otros pero fui colgando, están sin actualizar”, aseguró la autora del texto ganador.

 

Ivana Soto fue elegida ganadora entre diez finalistas, todas ellas mujeres.

 

“La casa” es el título del cuento elegido por la escritora Leila Guerriero, el narrador chileno Alejandro Zambra y el poeta costarricense Luis Chaves en la última edición del Mundial. Si bien Soto afirma desde la humildad que “todavía hoy no sabe por qué lo eligieron”, Guerriero aseguró que percibe a la voz del texto «entre cándida y deliroide que podría haber sido un tópico, pero que resulta verosímil, reveladora y magnética». 

 

A su vez, Ivana no resultó ganadora solo por su obra, sino que también su equipo, “Nerds de la vida”, obtuvo el primer puesto gracias a su compromiso y efectividad.

 

—¿Ya conocías el Mundial?, ¿cómo lo descubriste?

—Me enteré del Mundial por Twitter. Me anoté con una amiga y quedamos inscriptas dentro de un equipo. Hace mucho que no escribía. A mí me gusta pero no me dedico a eso, así que tenía ganas de ver si podía escribir un poquito todos los días y funcionó (risas).

—¿Cómo resultó el trabajo en equipo?

—Nuestro equipo era de nueve, no nos conocíamos. Eran todos más jóvenes, yo tengo treinta y seis. Todos muy amorosos. Enseguida una chica armó el documento y nos puso en contacto. Nos leímos entre todos y nos tomamos una semana para hacernos devoluciones personalizadas. Hubo muchas ganas y compromiso de parte de todos.

—¿Creés que el aislamiento facilitó la escritura?

—Yo seguía yendo a trabajar pero, aparte de eso, estaba en cuarentena como todos. La verdad es que no encontraba una conexión entre el aislamiento y la escritura, pero después un par de personas que leyeron el cuento (“La casa”) me dijeron que les parecía que tenía que ver con el hecho de estar solo, encerrado. Yo no me había dado cuenta.

—¿Cómo describirías el cuento?

—”La casa” es una historia más o menos real. Se trata sobre una chica que imagina cómo quiere que sea la casa donde vive con su pareja y la va haciendo cada vez más grande y delirante, hasta que en un momento choca con la realidad.

—¿Te gustaría volver a participar?

—Sí, participé del segundo Mundial también. Estoy re contenta porque descubrí que, si quiero, puedo sentarme a escribir. Muchas veces pasa que no le encontrás la vuelta, o colgás y queda. Son formas de laburar, hay gente que bajo presión funciona y otra que prefiere trabajar más bien libre. Es un laburo, lo tenés que entrenar. Volvería a participar en el próximo, me divertí mucho.

 

Soto representa con claridad la eficacia del juego creado hace siete años en los talleres de Llach. Sin dudas, este campeonato ha develado a muchas Ivanas que necesitaban la presión y el entusiasmo que esta iniciativa ha generado para despertar sus ideas y empezar a dejarlas fluir. 

 

Por Cintia Elín Martínez

Cintia Elin Martínez

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