LOS CERDOS DEL FUTURO

POR JUAN IGNACIO ZINGONI

 

El símbolo mundial del ahorro es un cerdito. La capacidad que tuvo la producción de este animal a lo largo de la historia en la generación de dinero, en el desarrollo de la producción agropecuaria y en el arraigo en el campo sigue expandiéndose hasta el presente. Desde inicios de 2020, Cancillería Argentina está negociando un acuerdo comercial para exportar carne porcina a China, el mayor productor y consumidor de esta carne en el mundo. ¿Qué actores participan de este proyecto multimillonario y cuáles no? Conversamos con Juan Luis Uccelli, ingeniero zoonótico, consultor y expresidente  del Sector Porcino; con Agustín Suárez, representante de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), y con Ana Julia Aneise, integrante de la organización Jóvenes por el Clima.

 

Desde hace meses, China pelea contra dos brotes grandes: el del SARS-CoV-2 (COVID 19) y el del G4-EA-H1N1 que genera la “Peste Porcina Africana” (PPA). Este virus es muy letal, pero solo se transmite entre animales y no afecta a humanos. Cuando esta peste comenzó a esparcirse entre los campos industriales de China el golpe fue catastrófico: tuvieron que sacrificar 100 millones de cerdos infectados y perdieron entre un 30 % y un 40 % de su stock total. Se estima que en la próxima década, China buscará importar mucha de esta carne, imaginemos que cada habitante de ese país consume 26 kg de cerdo por año (en Argentina el promedio es de 15.96 kg). La nación oriental está trabajando intensamente por firmar acuerdos comerciales con países exportadores de cerdo, como México, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Argentina, entre otros, para abastecer una demanda de 20 millones de toneladas de carne porcina.

 

Eliminación de cerdos muertos, algunos envueltos en bolsas plásticas, luego que se detectara PPA en el matadero de Sheung Shui en Hong Kong, mayo de 2019. Crédito: SCMP.

 

Todos los actores entrevistados coinciden en que esta es una gran oportunidad para el ingreso de inversiones, la generación de trabajo y el aumento de las exportaciones. Sin embargo, no hay un acuerdo en los costos ambientales que el acuerdo implica, la forma de manejar su desarrollo ni tampoco en el modelo productivo del país por el que apuesta el Gobierno. Algunos hablan de “oportunidad de desarrollo” y otros que “Argentina está cediendo el riesgo de que se repitan los brotes Chinos en sus tierras”.

 

Jóvenes por el Clima y la UTT hacen hincapié en el impacto ambiental que este proyecto puede llegar a tener. La deforestación, el sobreuso de antibióticos y agroquímicos, el maltrato animal, el manejo de desechos animales, la falta de soberanía alimentaria y la gestación de un virus pandémico son algunos de los puntos que generan desconfianza de la negociación con China. Por el momento, consiguieron que casi 150.000 personas firmaran peticiones en contra del acuerdo en dos campañas organizadas a través de change.org. Además se organizaron tuitazos bajo el hashtag #BastaDeFalsasSoluciones y hasta se llevó a cabo una olla popular en las afueras de la Cancillería Argentina para exigir mayor participación de otros actores.

 

La organización “Jóvenes por el Clima” nació en 2019 inspirada en el movimiento estudiantil europeo contra el cambio climático. Sus integrantes tienen entre 15 y 19 años.

 

Los países ya están transformando su producción e invirtiendo millones para adaptarse a las consecuencias graves que trae el cambio climático. La Unión Europea planea cerrar sus fronteras con criterios ambientales en 2023, por ejemplo. Es importante que Argentina tenga una perspectiva a largo plazo en este sentido y no decidir qué modelo productivo tener en base a la urgencia de dólares”afirma Ana Julia Aneise, de Jóvenes por el Clima. En sintonía, Agustín Suárez de la UTT afirma que este acuerdo “es una profundización del modelo sojero de monocultivo de los noventa que arrasó con todo. Teníamos precios internacionales muy buenos, pero cuando cayeron empezamos a tener problemas. A la vez con ese modelo seguimos generando contaminación y concentración económica. Cuando los chinos se vayan nos van a dejar desempleo, contaminación y una producción porcina interna devastada”. Un informe de la Sociedad Porcina coincide en esta proyección: “Se dará una mayor concentración siendo para el sistema potencial que el 2 % de los productores tendrá el 85 % de la producción” (Informe del Sector Porcino Nº14 Año 2).

 

El Canciller argentino e ingeniero agrónomo, Felipe Solá, es el representante nacional en las negociaciones con China.

 

A nivel global, nuestro país no es un gran productor de carne de cerdo, España produce casi 5.000.000 de toneladas anuales, mientras que Argentina llega a las 400.000. Sin embargo, nuestra especialización en la producción del maíz y la soja que alimenta a los cerdos, los buenos standards sanitarios y la necesidad del Gobierno de generar divisas nos convierte en un buen candidato para China. La idea sería aprovechar que producimos alimento para cerdos y exportar productos con mayor valor agregado.

El 10 de agosto se reunió por primera vez el nuevo Gabinete de Comercio Exterior, que tiene como objetivo aumentar las exportaciones en por lo menos 25 mil millones de dólares por año. Y bueno, de alguna forma hay que pagarle a los bonistas y al FMI. Cancillería tiene presión desde arriba: hay que cerrar el acuerdo. Aún no hay ninguna evaluación de impacto ambiental oficial publicada sobre el acuerdo que es casi un hecho. El informe publicado por el Sector Porcino asegura que, si bien falta pulir un poco las condiciones: “No hay duda de que, por más que a muchos no les guste, capitales chinos invertirán en producción porcina en Argentina”. 

 

Jugar aL TELÉFONO DESCOMPUESTO

 

Todo puede cambiar de la noche a la mañana. Es lo que demostró Cancillería y el sector privado cuando, en distintos comunicados iniciales, hablaron de producir “9 millones de toneladas de cerdo” para China, lo cual implicaría multiplicar catorce veces el volumen nacional actual. Pero luego de varias re-ediciones (como pudo capturar la periodista Tais Gadea en este hilo), lo que se estima hasta ahora es el aumento en 883 mil toneladas de la producción de cerdo (duplicar el volumen actual); sumar 25 granjas industriales; elevar en 3 millones la producción de maíz y en crear 9.500 puestos de trabajo directos.

 

Producción de toneladas equivalente media res en año 2026 – Fuente: Estimaciones y proyecciones ISP N14A2 China 2020.

 

Uccelli, del sector porcino; Ana, de Jóvenes por el Clima, y Agustín, de la UTT, coinciden en que fue deplorable la forma en que el Gobierno comunicó el acuerdo desde Cancillería. Sin información precisa que sirva como base, el debate es un caos y en vez de pasar tiempo revisando las condiciones de la negociación, las distintas partes se pelean por números erróneos. Otras de las cifras mal informadas fueron las inversiones chinas y las exportaciones: se hablaba de 37.000 millones de dólares en inversiones y 25.000 en aumento de las exportaciones. Dos números al que le sobran un “0” (son 3.700 millones de dólares de inversión y 2.500 en exportaciones) y que, de no haber sido así, hubiera significado un desembolso cercano al de Vaca Muerta. 

 

LAS CONDICIONES DEL ACUERDO

 

En 2018 comenzó la sequía en Argentina y se abrieron las importaciones de cerdo de forma indiscriminada sin tomar ningún recaudo estratégico. Eso destruyó a muchos productores porcinos y la caída entre el año 2018 y 2019 fue del 25.3 %. El productor chico, que produce su maíz para alimentar a sus cerdos, este año no tenía maíz y tenía que salir a comprarlo, pero no le alcanzaba el dinero. El 2020 encuentra al sector porcino argentino con mucha oferta, poca demanda y, por lo tanto, una caída en el precio de la carne de cerdo.

 

Si bien el sector productor porcino hace años intenta crecer en Argentina, su expresidente y ahora consultor, Juan Uccelli, afirma no haber recibido con festejos la noticia del acuerdo con China: “Cuando me avisaron sentí miedo por los números exagerados que brindaron desde el sector privado y público. Cuando en enero se arma la primera reunión sobre el acuerdo, fui el primero en plantear una preocupación, les dije: ‘Ojo, esta gente viene a invertir acá, pero, ¿qué pasa si hay un problema y no se puede exportar a China y esa mercadería va al mercado interno?’ En Argentina no queda nadie de pie: el chico, el mediano y tampoco el productor grande. Desde un punto de vista estratégico, un acuerdo sin condiciones es una ruleta rusa que no termina bien”.

 

¿Cuáles son las condiciones que se conocen hasta ahora? Desde el sector porcino buscan que toda la producción del acuerdo sea exclusivamente exportada a China y que en ningún momento se pueda comercializar en Argentina. En esta línea se propuso la creación de cámaras de frío para tener cuatro meses guardada la mercadería. A esto se le agrega: la participación de productores y cooperativas locales en el proceso, la utilización exclusiva de mano de obra argentina y la potestad del Gobierno para participar en la localización geográfica de las granjas. 

 

El Secretario de Relaciones Económicas de Cancillería, Jorge Neme, dijo que “las consideraciones ambientales se abordarían una vez que los proyectos individuales concretos estuvieran sobre la mesa”.

 

La intención es que las granjas se instalen por fuera del área pampeana para potenciar zonas postergadas como el NOA (Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero) y el NEA (Misiones, Corrientes, Chaco, Entre Ríos y Formosa). Las granjas, además, deben contar con frigoríficos, biodigestores y tecnología de punta. Cada planta será una instalación integrada, desde el procesamiento de grano para alimentación animal hasta la cría de cerdos, matadero y envasado. 

 

Aquí aparece otra de las preocupaciones ambientales: la deforestación. Hay quienes sostienen que el acuerdo implica usar cientos de miles de hectáreas adicionales a cultivos de maíz y soja, lo que probablemente se sumaría a la deforestación del frágil bosque del Gran Chaco, el segundo bosque más grande de Sudamérica después del Amazonas. La falta de controles, el incumplimiento de la ley y el bajo precio de las multas a infractores atentan contra la preservación de estos ecosistemas. Según un informe presentado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible entre 1998 y 2018 se deforestaron 6,5 millones de hectáreas de bosques nativos en la Argentina, y solo en el norte, se deforestó el equivalente a una ciudad de Buenos Aires y media.

 

¿DEBATE, PARTICIPACIÓN Y CONSENSO?

 

Una vez firmado el acuerdo, los empresarios chinos buscarían a sus contrapartes argentinas para negociar y diagramar los planes de acción. Este podría ser un nuevo hito en la expansión de la frontera agropecuaria argentina: la producción de soja y las commodities. Pero, en aquel entonces, la aprobación de la soja transgénica no tuvo una discusión nacional, mientras que en otros países esa misma política llevó a grandes debates. 

 

Manifestamos nuestra intención de querer participar en la mesa de decisiones de este tipo de cosas porque entendemos que los más jóvenes somos los que después vamos a tener que lidiar con las consecuencias de este tipo de acuerdos afirma Ana, de Jóvenes por el Clima. En la historia de las políticas ambientales de Argentina, la mayoría de ellas (Ley de Bosques, Ley de Glaciares, Declaración de emergencia Climática y Ecológica) solo se lograron a partir de una importante movilización de la opinión pública que forzó a gobiernos y productores a incorporar la dimensión ambiental en los condicionamientos de las actividades productivas y en el modelo de desarrollo. 

 

El 31 de julio, integrantes de la Unión de Trabajadores por la Tierra (UTT) realizaron una olla popular frente a Cancillería para exigir participación en el debate por el posible acuerdo con China.

 

El sector agropecuario de Argentina lo definen entre los grandes empresarios y las corporaciones extranjeras en conjunto con el Estado. Y todo el sector cooperativo, de pequeños y medianos productores quedamos afuera de esas decisiones. A nosotros no nos consultó nadie para este acuerdo opina Agustín Suárez, de la Unión de Trabajadores por la Tierra, organización que nuclea a miles de familias del país que trabajan en la producción de verduras en dieciocho provincias distintas. En la misma línea, Ana Julia Aneise sostiene: “Acá el problema es el modelo productivo que busca rentabilidad a corto plazo. Es importante dar el debate sobre el modelo productivo, no solo este sobre el acuerdo con China, hay otras estructuras productivas que tienen mayor durabilidad en el tiempo”.

 

El ingeniero zoonótico Juan Uccelli cuenta que, hasta 2006, el Sector Porcino era “uno más del tarro” y su voz no era tenida en cuenta en el debate sobre las políticas productivas nacionales. Desde ese año, lograron iniciar un diálogo cercano con los distintos presidentes para brindar ideas en lo que respecta al sector. Hoy, otros piden lo mismo que ellos pedían hasta 2006: participación, apertura del debate e información clara y directa. “Me enorgullece que haya jóvenes interesados en el acuerdo. A todos les propuse que sumemos al debate, pero que no vayan directo al ’vos no podés hacer esto’. Respetemos ambas partes. Déjenme mostrarles cómo no voy a dejar sin agua a los pueblos o aumentar los pobres y que las organizaciones, junto al Gobierno, luego controlen el proceso”, comenta. Por otro lado, el expresidente del Sector Porcino sospecha que “hay países de la región financiando una campaña en contra del acuerdo. No quieren que China avance en el continente y tampoco que Argentina crezca en el mercado porcino”.

 

Está claro que actores ambientalistas, jóvenes, periodistas, políticos, gremialistas y la sociedad civil necesitan interiorizarse en el acuerdo para opinar, aprender, reflexionar, consensuar, argumentar y complejizar los puntos del acuerdo y mismo del modelo productivo que queremos consolidar. Es un debate que nos debemos. Debatir es sentar las bases para que una sociedad conozca y aprenda de distintos caminos, saber sus beneficios, conocer sus consecuencias y finalmente elegir. ¿Por qué no vamos a fomentar el diálogo? Si hay algo que el 2020 dejó en claro es que nunca debemos descuidar a la ciencia y el medioambiente en las políticas nacionales.

 

Por Juan Ignacio Zingoni

Juan Ignacio Zingoni

Juan Ignacio Zingoni tiene 23 años, es de Bahía Blanca y estudia Ciencias de la Comunicación Social (UBA). Comenzó cubriendo recitales y entrevistando músicos para la revista digital "SPE". Co-produjo "Y se reía como loca" en FM La tribu y "Antes que nosotros" por Radio Monk. Sus temas preferidos para tratar son: arte, ciencia y medio ambiente. Como hobby escribe cuentos de ficción y aprende a tocar distintos instrumentos. Juan espera que cuando termine la pandemia pueda volver a producir "Terraza", un ciclo de música en vivo, cata de vinos y maridaje.

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